sábado, 4 de junio de 2016

Los cuatro jinetes... Parte II



Los cuatro jinetes del Apocalipsis, novela escrita por V. Blasco Ibáñez en París y publicada por la Sociedad Editorial Prometeo de Valencia, fue puesta a la venta en España en los primeros días del mes de abril de 1916, y unos 200 ejemplares se enviaron a Argentina.
El libro, además de la presentación en rústica, probablemente fue publicado con el nuevo encuadernado que Blasco había solicitado a la Editorial, «en  tela blanca, empleando el oro en los adornos y una tinta azul para los títulos» y «a la inglesa o sea encuadernados en tela, con forro igual a la cubierta de rústica» 1  según lo había especificado el novelista.
La ilustración de la cubierta, la impactante imagen que en su momento dio la vuelta al mundo apareciendo en las paginas de la prensa que publicitaba o comentaba el libro, se puede considerar un ejemplo más del ingenio de Blasco y de su gran pasión por transmitir a través de las imagenes.



Los cuatro jinetes del Apocalipsis 
Alberto Durero, 1498
En los primeros días de enero de 1916, mientras estaba escribiendo Los cuatro jinetes del Apocalipsis, Blasco decide  buscar en la Biblioteca Nacional de París el grabado de Alberto Durero que representaba a los cuatro jinetes y envía su fotografía a la editorial «para que sirva de guía a Povo y Llorca» 1.
Francisco Povo, el artista valenciano que había sido elegido para ilustrar la cubierta de la nueva novela, enviaba sus bocetos al escritor a través de la correspondencia que este mantenía con la Editorial Prometeo. A finales de febrero, cuando estaba terminando su novela, Blasco acepta los últimos bocetos de Povo pero no antes de enviar nuevas sugerencias e indicaciones. La pasión de Blasco Ibáñez por la ilustración es evidente a lo largo de su intensa actividad como director artístico y socio de las empresas editoriales.  Consideraba que un artista debe ser pluripersonal«un escritor, aunque no sea dibujante puede aconsejar algo en materia de ilustraciones de libros»2.
Los cuatro jinetes del Apocalipsis, el nuevo libro de la guerrafue traducido al italiano, francés y holandés, y la publicación de las respectivas versiones fue bien recibida por la critica y el publico lector pero sin exceder las expectativas del novelista, según lo comentaría más tarde su autor: «En todas partes declararon algunos críticos que era la mejor novela sobre la guerra. En España, como en Francia, Italia, Holanda, al publicarse las traducciones, esto se dijo. Pero como venta, poco más  menos, como otras novelas mías. Nada que se saliese de los límites ordinarios»3.
  
Los cuatro Jinetes del Apocalipsis, Cubierta de los dos tomos de la edición en italiano de 1918

Los cuatro Jinetes del Apocalipsis, la edición en italiano de 1918

Los cuatro Jinetes del Apocalipsis. Una de las ediciones en holandés de los años 20.

Probablemente con su novela sobre la guerra, obra escrita a favor de los aliados - especialmente a favor de Francia-, Blasco esperaba obtener un gran éxito en este país, pero no fue así. La editorial parisina Calmann-Lévy, con el copyright desde 1917, publicaba la versión francesa en una modesta presentación y sin mucha publicidad. Parece que todos los esfuerzos de Blasco para lograr el deseado éxito en Francia fueron poco reconocidos en el país galo de aquella época, como lo comentaría más tarde el novelista:

Los cuatro Jinetes del Apocalipsis 
La edición en francés de Calmann-Levy
«En francés se han publicado Los cuatro jinetes muy amputados por exigencias editoriales…
…En los Estados Unidos, en Italia, en todos los países de lengua española han hablado con entusiasmo de mi esfuerzo como propagandista….menos en Francia. Mi esfuerzo lo conocen en los centros oficiales; lo conoce Poincaré y todos los que gobernaron bajo su presidencia. Pero el pueblo francés apenas lo sabe, porque lo he hecho en silencio y para el exterior, sin buscar quien se encargase en París de decirlo, una vez terminada la guerra.
Durante esa guerra, he llegado yo a escribir hasta 18 horas diarias. Escribía para muchos periódicos de España y América y no me pagaban, porque mis escritos eran de propaganda y suponían que me los pagaba Francia. 
Escribía la Historia de la guerra, un cuaderno todas las semanas de 32 páginas a dos columnas. Tres cuadernos representaban un volumen como cualquiera de mis novelas. ¡Y esto ha durado cuatro años! …   Como obra histórica, no vale nada; pero como obra de propaganda, la creo única. …Y todavía tuve ánimos para escribir Los cuatro jinetes, Mare Nostrum, Los enemigos de la mujer. No creo que escritor alguno haya hecho más por Francia; a lo menos que yo sepa»4.


Los cuatro Jinetes del Apocalipsis 
La edición clandestina de 1916, en Chile.

Mientras tanto, lejos de la guerra europea, en varios países sudamericanos se comercializaban ediciones clandestinas de Los cuatro Jinetes del Apocalipsis. Unos años más tarde, al viajar a Estados Unidos, Blasco comprobaría esta realidad que comentaría luego:
«Estas ediciones clandestinas circulan por todas las naciones de América mejor que las nuestras, y llegan hasta los Estados Unidos…   
“Los cuatro jinetes” se han vendido de las ediciones clandestinas americanas unos 150.000 ejemplares, mucho más que de la edición española »5.
«La razón porque se hicieron en América tantas ediciones clandestinas de “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”, fue porque con motivo de la guerra y sus dificultades en las comunicaciones pasaron muchos meses entre la primera remesa de dicha novela y los pedidos que fueron llegando muchos meses después. Solamente en Chile se hicieron tres ediciones diferentes por tres editores  distintos, y uno de ellos confesó haber vendido doce mil ejemplares»6.

El gran éxito de Los cuatro jinetes del Apocalipsis llegaría casi tres años más tarde, cuando menos se lo esperaba su autor; fue lo que Blasco llamó «mi enorme y hasta absurdo triunfo en los Estados Unidos» y confesaba que «...casi estoy avergonzado de este éxito demasiado grande y fructífero. Yo nunca llegué a soñar esto, ni aun en los momentos de mayor ilusión»7.
En 1918, antes del final de la Gran Guerra, se publicaba la versión inglesa de la novela, traducida por Charlotte Brewster y editada por E.P. Dutton en Estados UnidosCharlotte Brewster Jordan (1862 - 1945), una modesta escritora y traductora estadounidense, se había radicado definitivamente en Argentina a fines de 1915. Con el propósito de perfeccionar su español, viajó en octubre de 1916 a España, viviendo en Madrid hasta fines de julio de 1918. Probablemente, fue durante este tiempo cuando contactó con Blasco y le compró los derechos para editar Los cuatro jinetes del Apocalipsis en Estados Unidos.

Sphinx Lore de C. Brewster, 1897
En una carta, el novelista comentaba:
«Una traductora, Charlotte Brewster, me compró en mil dólares el derecho a traducir Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Yo creí hacer un negocio bueno. Ya no me ocupé más del libro»8.
Según relata C. Pitollet, en aquella época, Blasco estaba pasando por una situación económica crítica pero además «veía en tal acto, ante todo, lo que significaba para la propaganda á favor de los aliados en una América vacilante y tanto tiempo retenida en la pendiente de la intervención por las intrigas alemanas. La idea de ejercer en el espíritu del pueblo americano una influencia, cualquiera que fuese, que beneficiara á Francia, regocijaba de tal modo á Blasco, que al punto dio su asentimiento y firmó un papel donde cedía á la traductora, á cambio de sus trescientos dólares, todos los derechos de autor sobre la novela para todos los países de lengua inglesa, sin poder jamás alegar el menor pretexto para percibir otra cantidad, fuera cual fuera el éxito del libro en ultramar »9. 
La misma casa editorial neoyorquina que en 1918 lanza The Four Horsemen of the Apocalypsis, había publicado en 1897 Sphinx Loreel primer libro de Charlotte Brewster, y en 1909, The Shadow of the Cathedral - la versión en inglés de La catedral - considerada la primera novela de Blasco editada en Estados Unidos.

La versión inglesa de La Catedral, de 1909
El 30 de junio del 1918, el periódico The sun de Nueva York anunciaba la próxima publicación de E.P. Dutton & Company: 
The Four Horsemen of the Apocalypsis, la nueva novela de Blasco Ibáñez. Presentando el libro como el drama de la guerra, lo recomendaba tanto a los lectores familiarizados con las dos obras de Blasco publicadas anteriormente, en versión inglesa - La Catedral y Sangre y Arena - como a todos los demás, interesados en conocer la reacción española frente a la guerra.
En aquella época,  Blasco Ibáñez no era un desconocido para el público norteamericano. «Mi situación allá era la de otros novelistas extranjeros. Me habían traducido varios libros; los diarios me habían tratado bien; se habían vendido de mis novelas unos cuantos miles; las personas cultas conocían mi nombre»8.

Un mes más tarde, el 27 de julio, el New-York Tribune  también anunciaba la publicación de la traducción del powerful war romance de Blasco Ibáñez.
En julio,  E.P. Dutton & Company  de Nueva York imprimía la primera edición de The Four Horsemen of the Apocalypse  y desde agosto, la editorial iniciaba una intensa campaña publicitaria de la nueva novela en la prensa estadounidense, principalmente en el periódico The sun.

Publicidad en The Sun  Nueva York, 25 de agosto de 1918











El 1 de septiembre The Sun dedicaba una pagina completa a la presentación de la novela donde publicaba un amplio articulo acompañado por la imagen de la ilustración de Povo y un retrato representando al novelista. Más tarde, Blasco comentaba«Los periódicos quisieron publicar mi retrato, y, como no los había, sacaron fotografías del retrato al óleo que hace trece años pintó mi fraternal amigo Sorolla, y que figura en la Sociedad Hispanoamericana de Nueva York, fundada por el multimillonario y célebre hispanófilo Mr. Huntington»3.

Artículo de The Sun Nueva York, 1 de septiembre de 1918
En España, parece que el evento pasaba desapercibido. La única publicación que comentaba el caluroso y unánime elogio de la crítica norteamericana  sobre la versión inglesa de la novela era la revista La Lectura, que en su número de septiembre resumía así los comentarios de la prensa norteamericana:
 «"Ahora, por vez primera —declara el crítico de The New York Times, septiembre, 1918—, un autorizado maestro de la novela, que pertenece a una nación que hasta la fecha ha mantenido su neutralidad, ha elegido la guerra como tema, y nos ha dado en varios respectos una novela que, en interés descriptivo, en conocimiento del carácter nacional, en el conflicto de las pasiones y motivos nacionales, merece un lugar de honor junto a las mejores novelas contemporáneas."
Otro crítico, en The World, concede también a esta novela del escritor valenciano la preeminencia entre cuantas novelas han aparecido últimamente con la guerra por tema. Celebra, en particular, el magistral estudio de los caracteres, considerando la pintura de uno de los personajes, Madariaga, como clásica.
En otra importante publicación neoyorquina, The Sun  (I° septiembre 1918), leemos la más entusiasta de cuantas críticas se han dedicado a esta novela en la Prensa norteamericana. A juicio de este crítico, Blasco Ibáñez "ha escrito una novela histórica que, por su puro genio, aventaja a cuantas han aparecido en nuestros días"; una obra "poderosa y magistral, que, por su sobriedad, coloca al autor entre los primeros novelistas". La creación de Madariaga parécele un estudio de carácter que debe servir de modelo a los jóvenes novelistas, "un maravilloso estudio de carácter", y la obra, en conjunto, una producción estupenda y una triunfal tentativa de traducir con la pluma los horrores de la guerra.»10

Publicidad en The Sun Nueva York
13 de octubre de 1918
En Estados Unidos las ventas del libro aumentaban rápidamente y los periódicos publicitaban los numerosos elogios de la crítica a la novela, anunciando constantemente la publicación de nuevas ediciones. En septiembre se habían publicado las dos siguientes ediciones y al final de año, la editora contaba ya con cincuenta ediciones lanzadas. El éxito era arrolladorMientras que en Europa la guerra finalizaba, en el país norteamericano aumentaba el interés de la prensa y del público por el fascinante relato del conflicto bélico, escrito por un autor neutral cuyo prestigio se extendía de forma sorprendente. 
Publicidad en The Sun  Nueva York,
6 de octubre de 1918


Publicidad en  New-York Tribune,
19 de octubre de 1918











En aquel octubre, ajeno al gran triunfo de su novela, Blasco continuaba con su incesante actividad editorial en la Casa Prometeo de Valencia donde, recientemente había lanzado una nueva colección de publicaciones: La novela literaria. Aunque vivía en Francia, mantenía un permanente contacto epistolar con sus socios de la editorial valenciana. En una carta, escrita en París, cuando, convaleciente de una congestión pulmonar, preparaba su regreso a la Costa Azul – donde se había instalado a comienzo de año –, el novelista comentaba sus futuros propósitos:
«Yo llevo en la cabeza muchas cosas editoriales buenas y prácticas como la novela literaria, pero las guardo para después de la guerra, cuando baje el precio del papel y todo sea más fácil. El resto de mi vida pienso dedicarlo a la cuestión editorial y ya sabe que yo invento cosas.»11

Publicidad en  El Fígaro, 22 de octubre de 1918
La guerra, aunque le impedía desarrollar nuevos proyectos editoriales, estimulaba su inspiración y excitaba su pasión por escribir. Pero, al mismo tiempo, las carencias y penurias generadas por aquel prolongado evento bélico, el exceso de trabajo y una precaria situación económica que no lograba mejorar, afectaron notablemente el estado de salud del novelista. Anos más tarde, en 1923, así lo recordaba:
«En 1918, casi al final de la guerra europea, caí repentinamente enfermo por exceso de trabajo.
Durante cuatro años trabajé doce horas diarias, sin ningún día de descanso. Hubo semanas extraordinarias en las que aún fué más larga mi jornada. Á esta tarea excesiva y abrumadora, que lentamente iba agotando mis fuerzas, había que añadir las privaciones é inquietudes de la vida anormal que llevábamos los habitantes de París…El frío de dos inviernos crudos, pasados casi sin calefacción, y el exceso de trabajo, acabaron con mi salud, y por consejo de los médicos me trasladé á la Costa Azul. No por tal cambio de ambiente dejé de trabajar. Como en París escaseaba el combustible, fuí en busca del calor del sol que nunca falta á orillas del Mediterráneo. Me instalé en Niza, por unas semanas nada más. Como necesitaba seguir trabajando, me sentí atraído por la soledad bravía del Cap-Ferrat, península que avanza en el mar su lomo cubierto de pinos. Durante unos meses viví en el Gran Hotel del Cap Ferrat como en un convento abandonadoAl fin me trasladé al Principado monegasco, que veía diariamente desde mis ventanas, avanzando su doble ciudad de Mónaco y Monte-Carlo sobre la llanura azul del mar.»12
V. Blasco Ibáñez en la playa de Niza. Marzo de 1918

Vicente Blasco Ibáñez en la mesa de trabajo de su residencia de Niza. Marzo de 1918 
Esta ultima fotografía, junto con el retrato del novelista tomado por Novella, fueron las imagenes que un año más tarde presentarían a Blasco Ibáñez al público norteamericano; ilustraban numerosos artículos publicitarios, aparecerían en los comentarios de la prensa, eran dibujadas por los mejores ilustradores y además, el original look del escritor valenciano, la blanca camisa de anchas alas, a lo marinesco, será el nuevo estilo de moda en los Estados Unidos: "la camisa Ibanez".


New-York tribune. 16 de noviembre 1919
Hacia el otoño de 1918, cuando se publicaron las primeras ediciones de The four horsemen of the apocalypse, Blasco Ibáñez estaba viviendo en Monte Carlo y probablemente fue allá donde el autor recibió el libro, a poco tiempo del lanzamiento, según lo comentaría más tarde, en una entrevista de marzo de 1919:
«Recibí dos ejemplares de la traducción, con el título The Four Horsemen of the Apocalypse, hermosa edición, elegantemente impresa y encuadernada, a dos dólares ejemplar»3.
Y el escritor continuaba con sus actividades cotidianas desconociendo por completo el éxito de la versión inglesa de su novela y sin poder imaginar el apoteósico triunfo que pronto llegaría.

1918 La primera edición de The four horsemen of the Apocalypse
«Pasaron meses y un día recibí un fajo enorme de cartas de los Estados Unidos, de misses, que pedían mi retrato y me preguntaban si yo era yo...Creí que aquello sería broma, pero el correo aumentaba semanalmente. En la correspondencia llegan cartas de españoles establecidos allá, de Sociedades españolas, que son muchas en los Estados Unidos, de hispanoamericanos residentes en la América del Norte, todos muy contentos de que un compatriota hiciese hablar tanto de él en un país que se acuerda poco de España. Recibí centenares de periódicos y de anuncios a la americana, enormes, ruidosos, en los que aparecía mi nombre en grandes caracteres y con el elogio de “la novela de la guerra”, como la llaman allá por antonomasia. En octubre habían salido veinte ediciones, y desde entonces la venta es de 20 ó 30 mil ejemplares por mes.... Mi éxito es fulminante, si se quiere brutal, que, como ves, me tiene aturdido…»3.  
(Continuará...)


NOTA:
Las primeras ediciones de The Four Horsemen of the Apocalypse probablemente todas tenían la sobrecubierta ilustrada con la clásica imagen ideada por Blasco y dibujada por Francisco Povo, la ilustración de la cubierta del libro original.


The four horsemen of the Apocalypse. La sobrecubierta de una edición del año 1921 
Posteriormente, el tema de la novela Los cuatro jinetes del apocalipsis inspiro a los artistas gráficos de la época para la ilustración de próximas ediciones o de anuncios publicitarios y además, la novela llegó varias veces al cine.
Washington Times de 29 de diciembre de 1918
Los cuatro jinetes - Ernst Ludwig Kirchner - 1917
Cubierta de Los cuatro jinetes del ApocalipsisIlustrador: Arturo Ballester
Cubierta de Los cuatro jinetes del Apocalipsis – Editorial: Constable&Co. 1923
Cubierta de The Four Horsemen of the Apocalypse. Ilustrador: Paul Quinn. 1930
Los cuatro jinetes del Apocalipsis traducida en alemán y publicada en 1922

El libro de Blasco Ibáñez, el best seller del año 1919, fue traducido en varios idiomas y publicado por las editoriales de todo el mundo. A través de las numerosas ediciones lanzadas a lo largo del último siglo, la obra del escritor valenciano fue ampliamente difundida y su autor conocido por varias generaciones de lectores.  

Fuentes e imagenes: archivo del autor

domingo, 22 de mayo de 2016

Blasco, según A. Alcalá Galiano - 1921

Álvaro Alcalá-Galiano y Osma  (1887-1936)
Novelista, crítico y publicista español
En el post de hoy se reproduce el artículo La vida de Blasco Ibáñez  de la revista ABC del 19 de diciembre de 1921, articulo dedicado a la publicación de la primera biografía del novelista valenciano.
El autor del artículo, Álvaro Alcalá-Galiano y Osma (1886-1936) – de orientación maurrasiana –  fue crítico literario, escritor e historiador; colaborado en la prensa de su época. Siendo miembro de Renovación Española durante la Segunda República, cuando se inició la Guerra civil española, resultó víctima de la represión desatada; el 28 de julio de 1936 fue asesinado en Vallecas, por la checa de Radio Comunista 1.
En 1921, cuando Blasco Ibáñez tenía 54 años y había alcanzado el gran triunfo como novelista internacional,  se publicaba un libro sobre su vida hasta aquel momento - lo que hoy se llamaría una biografía autorizada-, escrito por el francés Camille Pitollet, periodista del Mercure de France.
El arrollador éxito de Blasco había aumentado el interés del público por conocer mejor al escritor valenciano y además, sus editores de New York, París y también Prometeo de Valencia notaban la falta de un buen libro, abundante en datos, sobre el novelista y sus obras. En 1920, Blasco decide que la persona más adecuada para redactar la respectiva biografía sería Camille Pitollet, un profesor de secundaria, periodista y lingüista hispanista y germanista (más detalles en un próximo post).
El libro escrito en francés se publicaba en 1921, en París, bajo el título  V. Blasco Ibáñez, ses romans, et le roman de sa vie, y casi simultáneamente la Editorial Prometeo de Valencia lanzaba su versión española.

1921. Versión española de la 
primera biografía de V. Blasco Ibáñez 

Luego, después de la muerte del novelista, el polémico biógrafo resultó siendo un patético personaje. Tanto para el como para muchos de sus contemporáneos, Blasco había dejado de ser objeto de interesada adulación y Pitollet, en su papel de inevitable Judas, decide desligarse de cualquier aparente vinculo político o amistoso con el escritor republicano, buscando todo tipo de argumentos circunstanciales que justifiquen la colaboración con el novelista.

1921. La primera biografía de V. Blasco Ibáñez
por Camille Pitollet 
En la publicación Gloses del 1933 y luego, en Como escribí el libro sobre Blasco Ibáñez del 1957, Pitollet  intenta contrarrestar la buena imagen de Blasco que había presentado en la biografía, y utilizando algunas cartas del epistolario que mantuvieron los dos, manifiesta un brutal desprecio hacia el novelista, motivando esta acción como necesaria para responder al  reproche de no haber sido más que una pluma al servicio de Blasco Ibáñez.
En realidad, Camille Pitollet  (1874-1964) colaboraba con L'Action Française, revista de extrema derecha que abogaba por un nacionalismo exacerbado, un catolicismo integrista y una forma de gobierno autoritario, y que fomentaba movimientos anticomunistas, antimasónicos, etc., cuyos miembros habían sido colaboracionistas durante la ocupación alemana. En 1938, en el Madrid sitiado por las tropas franquistas, Pitollet publicaba artículos que revelan claramente sus simpatías franquistas y su odio a los defensores de la República. Finalmente, al estar condenado en Francia por colaboracionista, pasaría unos años en España.
C. Pitollet fue uno más entre tantos que lamentablemente, durante la vida de Blasco, y mucho más después de su muerte,  han intentado deformar la imagen original del personaje a través de oscuros prismas de intereses políticos o personales.

El articulo La vida de Blasco Ibáñez reproducido a continuación fue redactado por Álvaro Alcalá Galiano y Osma con el propósito de comentar el libro de C. Pitollet, recién publicado en España.
A. Alcalá Galiano, novelista, crítico y publicista español, era un aristócrata conservador con un amplio horizonte intelectual y político que le permitía expresar con toda libertad su opinión sobre el novelista republicano. Su pensamiento crítico le proporcionaba la capacidad de hacer abstracción de sus propias convicciones ideológicas y de poder valorar a los demás con objetividad, sin clarificarlos según criterios políticos u otros intereses particulares.
En este artículo, más que hacer la reseña del nuevo libro, Alcalá Galindo expone su visión personal respeto a la trayectoria de vida de Blasco Ibáñez hasta aquellos momentos; expresa su gran admiración por la permanente e intensa actividad de Blasco como político y periodista, y elogiando la voluntad y el talento del infatigable Blasco novelista, lo denomina el astro literario que extiende su luz gloriosa por el mundo entero.



LA VIDA DE BLASCO IBÁÑEZ

Publicado en la revista ABC, 19 de diciembre de 1921
Autor: Álvaro Alcalá Galiano

Hace ya unas semanas que, paseando por las calles de París, vi yo en los escaparates de las librerías una obra nueva titulada Blasco Ibáñez, ses romans, et le roman de sa vie, escrita por Camille Pitollet, el crítico de letras españolas en el Mercure de France. Entré, la compré y la leí, diré parodiando a César, con el firme propósito, al terminar su lectura, de comentarla algún día ante mis lectores. Hoy se me brinda nueva ocasión, de hacerlo al ver en los escaparates de las librerías de Madrid la obra traducida al español: Blasco Ibáñez, sus novelas y la novela de su vida.

1921. La biografía de V. Blasco Ibáñez 
por Camille Pitollet
Quizá no me equivoque al suponer que la legión de admiradores del mundial novelista español, cuantos se han deleitado en las páginas vibrantes de sus libros, tan llenos de intensidad, de emoción, querrán conocer la existencia variada, turbulenta y magnífica, como una marcha triunfal, del propio maestro. Y es muy comprensible. Cuando un artista subyuga nuestra inteligencia o nuestro corazón, anhelamos siempre rasgar el velo misterioso de su arte para descubrir al hombre; es decir, al creador. Por eso la hipótesis de quién pudo ser el mago Shakespeare sí el vulgar cómico de Stratford o uno de los condes de Southampton, de Derby o de Oxford, hará correr tanta tinta como los juicios diversos acerca de sus tragedias y comedias inmortales. Por eso Cervantes, con su vaga personalidad y su vida borrosa nos intriga tanto como el alcance espiritual del Quijote. Nuestra curiosidad no se atiene a juzgar a un hombre por sus obras; queremos su retrato físico y moral, con sus virtudes y sus vicios, que haga de todo ser humano, por grande que se crea, algo imperfecto, lleno de luz y sombras como la vida misma. Esta interpretación psicológica del hombre representativo, sea político, artista o literato, hace de una buena biografía el modelo de novela realista. Justifica plenamente aquella frase de Disraeli, al decir éste: "Leed biografías; la biografía es la historia sin teoría." No es otra la razón en efecto, de que Plutarco nos haya familiarizado con los héroes de Grecia y de Roma más que ningún otro historiador y de que Boswell diera al famoso doctor Johnson vida inmortal en su palpitante biografía. Huelga decir que el libro de que hablo no pertenece a tan alta categoría ni puede aspirar a ser una obra completa. Entre otras razones, porque vive aún el modelo, fuerte, laborioso, en la plena madurez de su talento, que va derrochando en obras y más obras con pasmosa fecundidad y porque este infatigable luchador no parece aún dispuesto a escribir en mucho tiempo el epilogo de su vida, llena de aventuras y de inesperados giros, como la de un artista del Renacimiento.

V. Blasco Ibáñez en Nueva York (1919-1920)
Pero, en todo caso, el libro de C. Pitollet, si bien no libre de cierto sectarismo radical que tiende a perpetuar nuestra 'leyenda negra" respecto a los supuestos "métodos reaccionarios" de los Gobiernos monárquicos de España (¿son más benignas las Repúblicas con los perturbadores del orden y los enemigos del régimen?), es un libro bien escrito, documentado, lleno de interés y de amenidad,  que hace de la vida de Blasco Ibáñez la más extraordinaria de sus novelas. Esto no es sólo debido, claro está, al arte del narrador, sino a la personalidad vigorosa y a un mismo tiempo compleja del modelo. Porque Blasco Ibáñez no ha sido sólo un escritor, es decir, un cerebral cuya visión del mundo no tuviera más horizontes que las cuatro paredes de su biblioteca.
Blasco Ibáñez conoce los libros y los hombres, ha viajado y vivido intensamente, y esa misma intensidad de vida, reflejada en sus libros, es lo que da a sus novelas el realismo y la fuerza descriptivas de quien narra lo que ha visto. Se ha comparado a menudo a Blasco Ibáñez con Zola; mas aparte de las analogías que puedan hallarse en la estética "naturalista" de ambos escritores, nada tan distinto como la existencia de estos dos hombres.
Zola fué el triste visionario que en sus soledades de Medán iba escribiendo volumen tras volumen de su ciclo materialista sin más concepto de la vida que su imaginación de poeta épico adulterada por sus pedantes y falsas teorías científicas. La vida misma de Zola tiene la rutinaria monotonía de cualquier humilde empleado de oficina. Es la de un buen burgués casado que vive metódicamente; se levanta, come, escribe y se acuesta todos los días a la misma hora. Zola no conocía otros países, y muy poco el suyo. Salvo breves viajes a Lourdes y a Roma para tomar apuntes de novela, nada ha interrumpido su labor hasta su inesperada intervención en el affaire Dreyfus, que desencadenó tanto las pasiones e hizo de su nombre una bandera de combate.

V. Blasco Ibáñez en uno de sus viajes a
Argentina (1910-1914)
Comparada con el escritor francés, ¡cuán variada, interesante y rica de experiencia resulta la vida del maestro español! Su campo de acción ha tenido ilimitados horizontes, y como decorado de sus aventuras, los más diversos paisajes de la tierra.
Hay algo que asemeja a Blasco Ibáñez a ciertos maestros de la novela rusa  por ejemplo, a Dostoiewsky. Como él, ha padecido la miseria, la cárcel y el destierro, pasando su calvario antes de conquistar la gloria.
Pero también, como Balzac; ha anhelado siempre la conquista del oro triunfador, que hace amena la existencia y ha hecho prodigios de laboriosidad reflejada en su vasta y formidable obra de periodista, de novelista, de traductor y además de historiador en los nueve tomos ilustrados de su Historia de la guerra europea de 1914

Blasco Ibáñez o la voluntad... Este podría ser el título de la obra de M. Pitollet,  porque, además del talento literario es la voluntad lo más característico de Blasco Ibáñez. Así lo vemos en sus días rebeldes de mal estudiante en su pobreza de los primeros tiempos, en sus campañas revolucionarias, desafiando su destino adverso.
El no nació para pasarse la existencia charlando en el café. El nació para la lucha que otorga sólo la victoria a los audaces. Su vida es eso mismo: una batalla no interrumpida en el campo de las ideas y en el campo de acción. 


Blasco Ibáñez en las calles de Valencia el día de las elecciones, septiembre 1905 

Combate en la tribuna y combate en el libro. Arenga a las muchedumbres con su palabra fogosa y agita los espíritus con sus novelas tendenciosas. Sin embargo, siempre es artista, y acaso el mayor milagro de su arte haya sido el que escribiese La barraca en una mísera redacción, cuando a las altas horas de la noche terminaba su ingrata faena de periodista revolucionario. Sí; este rasgo retrata, a mi juicio, mejor que ninguno, a Blasco Ibáñez.  Ayer en la pobreza como hoy en plena prosperidad, es siempre el trabajador infatigable. Ni los reveses de fortuna, ni las amarguras de la política le desconciertan. El día que se desengaña de traernos la República, sigue a pesar de eso, creyendo siempre... en Blasco Ibáñez. Y continúa luchando. Sus mismos viajes de placer por Italia y por el Oriente son campos de experiencia literaria para su pluma pincel. Sus trabajos colonizadores en América, si bien no le dan la fortuna soñada, habrán de proporcionarle material para futuras novelas. Hasta que un buen día, en medio de la guerra europea, aparece un libro titulado Los cuatro jinetes del Apocalipsis, y el astro literario que se había levantado en las bellas huertas de Valencia, iluminando a España, extiende de pronto su luz gloriosa por el mundo entero.... 
Leed la vida de Blasco Ibáñez y veréis lo que puede el talento cuando le guía la voluntad.

Blasco Ibáñez en Valencia recibiendo el caudaloso homenaje de su ciudad, en mayo de 1921


jueves, 14 de abril de 2016

El republicano que no vio la República


El 14 de abril de 1932, con motivo de la celebración del primer aniversario de la proclamación de la segunda República española, la revista Nuevo Mundo publicaba un artículo dedicado a Blasco Ibáñez. En el post de hoy, se reproduce el respectivo artículo, adicionando fotografías relacionadas con el texto publicado.

EL REPUBLICANO QUE NO VIO LA REPÚBLICA


"Blasco Ibáñez en los días de plenitud de su gloria,
cuando su fama de novelista tenía ecos universales.
Años de la Dictadura en España.
El escritor, fuera de la patria,
siente reflorecer sus viejos entusiasmos revolucionarios…"
 Foto: V. Blasco Ibáñez en el año 1920 
Llegó aquella frenética alegría popular del 14 de Abril, y entre las múltiples voces que entonaron el gran canto democrático, faltó una, enmudecida por la muerte: la de Blasco Ibáñez. Faltaban, naturalmente, otras muchas voces, que el supremo silencio,por ley del tiempo, había ido acallando. Pero ninguna ausencia se dejaba sentir con tal fuerza y tal tristeza como aquella falta de la voz de Blasco Ibáñez en el coro emocionado del 14 de Abril.Porque la vida del escritor fue siempre, en los días de la juventud y en los de la madurez, en las horas de la lucha y en las de la gloria, un magnifico afán democrático. Combatió por la República. Sufrió por ella persecución y cárcel, odio y diatriba. La Libertad era el gran sol que deslumbraba sus ojos, y la Justicia el gran viento que enardecía y llenaba sus fuertes pulmones de luchador. A lo largo del tiempo, nada logra inclinar en él su viejo penacho liberal. Su vida no conoció la Rectificación.

Blasco en Valencia. En la Valencia de finales de un siglo y comienzos del otro. En la Valencia inflamada de coraje republicano, cuando los tiros eran el más frecuente comentario a las palabras, cuando el eco más común de un mitin era el destierro o la cárcel.
Blasco hablaba, hablaba. En la ciudad o en los pueblos, frente al mar o en la vega florida y luminosa. Acento de fuerza y de ímpetu, vivo y plástico. Su briosa palabra era hermana de la tierra ubérrima, del aire como febril, del sol que se deshacía sobre la huerta en trallazos de luz. Su palabra era un canto de lucha, un clarín que llamaba al combate civil.

"Blasco Ibáñez director de El Pueblo, en Valencia. 
La mano ancha y fuerte del luchador trazaba sobre las cuartillas 
– letra firme, rápida y vigorosa – palabras que eran fuego y látigo"
Foto: V. Blasco Ibáñez en 1902, en el chalet de la Malvarrosa, Valencia

“El escritor en los días de iniciación de su fervor revolucionario. 
Cuando la cárcel o el destierro eran la consecuencia 
frecuente de los mítines que exaltaban la libertad.”
Foto: V. Blasco Ibáñez en 1890
Y los que oían aquellos acentos que hablaban de todas las causas bellas y todos los altos ideales creían en el con una fuerza ciega, con una entrega de fanatismo. Toda la pasión popular se guía, iluminada y creyente, a aquel hombre que por una causa política sufría lucha y persecución. Los brazos sombríos de la cárcel acogen varias veces a Vicente Blasco. Pero de cada destierro o de cada prisión el escritor vuelve más decidido a su lucha de siempre. Nuevas candelas de libertad para la hoguera de su palabra y de su pensamiento.
No hay medio de propaganda a que el  no acuda. 
Creador incansable de periódicos: El Progreso, La Bandera Federal, El Pueblo. Cuando crea el segundo de éstos, es la entrada solemne en Valencia del cardenal Sancha. Sobre los balcones de la redacción, Blasco pone un cartelón en el que se lee, con letras enormes: «Jesús entró en Jerusalén a pie y descalzo. Comparad»Naturalmente, detención y proceso.
Toda aquella labor periodística está llena de fervor revolucionario, de exaltación democrática. Turbulencia, polémica, agresión. Ataque y dinamismo. Sobre los artículos de prosa violenta, restallante, la emoción del mitin o de la barricada.
La tribuna del mitin, la columna del diario, el escaño del Parlamento. En sitio distinto y con fondo diverso, el pensamiento y la conducta eran los mismos. 

Todos los esfuerzos y todos los cauces buscaban el gran mar de la República. Y Blasco, orador, periodista, parlamentario, era siempre como un arco en tensión, pronto a estallar, pronto a romper en palabras de fuego.
El dolor social que inspiraba su vida política fluye también a su obra literaria. Aquel gran salón destartalado de El Pueblo, en las horas lentas, calladas, de la noche. Corren apresuradas las plumas sobre las cuartillas, llevando a ellas la emoción del hecho de la jornada. Hay que reflejar de un modo vivo un discurso, o una contienda electoral, o unos tiros que han sido el epílogo sangriento de un mitin. Rasguear nervioso de las plumas sobre las cuartillas. Frío. Comentarios. Palpitar sonoro del tiempo. Las dos, las tres de la madrugada.
El regente de la imprenta se acerca a Blasco Ibáñez:
Pon Visent, que no tinc folletí.
—¿Cuánt el nesesites?
—Ara mateix
— ¿Ara mateix? Espera...
Y como no hay folletín para el número de El Pueblo que ha de aparecer al día siguiente, Blasco se dispone a hacer él mismo el folletín. Llama a un redactor y empieza a dictar:
 —La barraca. Novela.

Valencia, 19 de febrero 1911. Blasco Ibáñez pronunciado un discurso en la playa, 
en la inauguración del Asilo para los inválidos del mar

Desfile de años. Surcos del tiempo en el gran rostro moro del escritor. Ha viajado por todo el mundo. Su planta fuerte de luchador, de conquistador, pisa con magnifica firmeza los caminos dorados del triunfo.
Y en él, que conoce ahora todas las comodidades y todas las blanduras, todos los refinamientos y todas las magnificencias, reflorecen las viejas rosas revolucionarias. La República, su culto de siempre, tiene ante él un nuevo brillo apasionante. Las sirenas de su juventud cantan de nuevo, y otra vez la propaganda política guía la pluma del escritor.
—Mi vida—dice él mismo en aquellos días—no es, en último término, más que mi amor a una serie de novelas generosas que he pretendido llevar a la realidad y que están ya realizadas en otros países. Si no me es posible realizar algún día novelas con la acción, continuaré haciéndolas con la pluma.
Esas novelas generosas que él pretendía llevar a la vida se resumían en una sola palabra: República. No pudo ver, sin embargo, logrado ese sueño por el que luchó tanto. Un día, sóbre la tierra soleada de Mentón—la tierra hermana de su Valencia, frente al Mediterráneo común—, los dedos helados de la muerte cerraron sus ojos, tantas veces embriagados de azul, tantas veces iluminados con la luz del combate. La República, su novia de siempre, llegaba tarde a la cita.

“Ya el cuerpo del escritor reposa bajo la tierra de Mentón.
Ha muerto sin conocer en su patria la República.
En Barcelona, un grupo de devotos del novelista magnifico 
le rinde el homenaje de dar a una calle en nombre del creador de La Barraca
Imagen: Barcelona, 1932 

Autor del artículo: José Montero Alonso
Publicado en la revista Nuevo Mundo, 14 de abril 1932

Imágenes adicionales:

V. Blasco Ibáñez junto a los miembros de la redacción del periódico El Pueblo, Valencia, 1895.

Blasco Ibáñez dirigiéndose a sus seguidores desde la sede del  periódico El Pueblo, Valencia.

Aspecto de uno de los mítines de V. Blasco Ibáñez

1903. Manifestación en honor a Blasco Ibáñez a su llegada  a Valencia, calle de las Barcas-esquina a calle Bonilla. 
Foto: Oraw-Raff. 

Blasco Ibáñez, rodeado de sus seguidores, en las calles de Valencia, durante la campaña de las elecciones de 1905.

La Asamblea Republicana. Madrid. 1905 
“Sres. Salmerón y Blasco Ibáñez rodeados de sus correligionarios en el Circulo de la calle de los Abades”