domingo, 14 de julio de 2019

con León Roca



     

     Probablemente, todos los que deseamos conocer mejor a Vicente Blasco Ibáñez, los que buscamos datos concretos e información confiable en las publicaciones – libros o artículos de la hemeroteca – encontramos muchas veces referencias relacionadas con la actividad de José Luis León Roca (Valencia, 1916 – 2007), el conocido personaje valenciano que, de manera autodidacta, dedicó gran parte de su vida a la investigación sobre la figura del novelista. 
Fruto de su pasión son los estudios publicados a finales del siglo pasado – entre los que destaca la conocida biografía del escritor –, los numerosos eventos organizando en Valencia, exposiciones, congresos, productos editoriales y audiovisuales, los comentarios en la prensa local, etc. todo ello con el proposito de reivindicar la importancia de Blasco en la cultura universal y de reconstruir su figura en la ciudad natal. En aquella época, Leon Roca fue Director honorífico de la casa-Museo Blasco Ibáñez, inaugurada en 1997.


León Roca con M. Beneyto y F. Carsí en la Exposición de la Casa-Museo Blasco Ibáñez, mayo 1998
(Foto: V. Martinez,  Las Provincias)

A continuación se reproduce el artículo titulado Valencia aún está en deuda con Blasco, publicado el 6 de mayo del 2001, en el Diario de Valencia; es una entrevista realizada por María Consuelo Reyna (MCR) a José Luis León Roca (JLLR)
Lógicamente, León Roca expresa su opinión personal que, en ciertos aspectos, denota su propia orientación política y la influencia del medio donde vivía. Además, al parecer, no tuvo acceso a toda la documentación que hoy conocemos. 
Aunque así, es interesante conocer su punto de vista. 

Valencia 2001. J.L. León Roca y María Consuelo Reyna, durante la entrevista  
(Foto: Marcelo Ullúa,  Diario de Valencia)


Valencia aún está en deuda con Blasco


María Consuelo Reyna¿Cómo, cuándo y por qué decide ser el gran estudioso de Blasco Ibáñez?
José Luis León Roca: Cuando, el 29 de octubre de 1933, trasladaron los restos de Blasco a Valencia, me acerqué al puerto a esperarlo. Creí que el recibimiento sería normal, discreto, pero me encontré con que media Valencia estaba en la calle. Se bajó el féretro del barco, se puso en marcha el cortejo siendo llevado el ataúd, el primer tramo, por los pescadores valencianos y después, cada 25 metros, había relevos. La multitud se puso en marcha y fue algo extraordinario. Jamás había visto yo tantísima gente con tanto silencio y tanta emoción. A medida que avanzaba el duelo, la gente iba afluyendo y yo estaba totalmente asombrado por el gentío que afluía y se sumaba. Entonces fue cuando empecé a preguntarme quién era este hombre para suscitar tales muestras de respeto y afecto. Era un literato, desde luego, pero era algo más porque la devoción del pueblo no se manifiesta porque un señor haya escrito una buena novela. Ni veinte. La inquietud mía era descubrir el porqué de la devoción por Blasco. Y por ahí comencé el estudio.

J.L. León Roca durante la entrevista  
(Foto: Marcelo Ullúa,  Diario de Valencia)

M.C.R.: ¿Qué fue lo primero que le llamó la atención?
J.L.L.R.: Vi que, antes que novelista, antes que nada, era un excelente periodista, un magnífico observador.
M.C.R.: ¿Y descubrió el porqué de la devoción del pueblo por Blasco? ¿Por novelista? ¿Por periodista? ¿Por político?
J.L.L.R.: Por hombre. La gente quería más que nada al Blasco hombre, a una personalidad extraordinaria.
M.C.R.: También hubo mucho odio hacia él.
J.L.L.R.: Pero jamás por parte del pueblo. Políticos e intelectuales, sí. Tuvieron hacia él todo el odio que usted quiera, pero el pueblo lo adoraba y lo que más lamentó fue la ausencia de Blasco de Valencia. Se sentían solos, abandonados.
M.C.R.: ¿Cuál fue la razón real de su marcha de Valencia?
J.L.L.R.: Por culpa de la política, con la que termina en el año 1903 o 1904. Estaba cansado de que le metiesen en la cárcel una y otra vez sin ninguna razón, tan sólo por rivalidad política.
M.C.R.: ¿Tanto miedo tenían sus adversarios a la influencia política de Blasco que no paraban de meterlo en la cárcel?
J.L.L.R.: Yo creo que no era miedo sino odio. Blasco jamás se dejó engañar, ni abatir. Proclamó lo que él quería con toda la fuerza y energía y lo hizo desde muy joven, cuando era aún director de La Bandera Federal. Y no se lo perdonaron.
M.C.R.: ¿Cuál era el mayor enemigo de Blasco?
J.L.L.R.: La Iglesia.
M.C.R.: Ir contra el poder de la Iglesia...


J.L.L.R.: No. Blasco Luchaba contra la manifestación de lujo asiático que hacía la Iglesia de su tiempo. La Iglesia para él era humildad, quería que la gente fuese comprensiva, bondadosa, buena y se encontró con una Iglesia que, por primera vez, no recibía a los obreros. Y lo denunció muy duramente en un artículo en el que decía que a él lo encontrarían siempre y a un obispo no lo encontrarían jamás.
M.C.R.: ¿Y era cierto?
J.L.L.R.: Totalmente. Atendía a todos los que iban a verle. Si podía les daba dinero y, de no ser así, les facilitaba recomendaciones para encontrar trabajo.
M.C.R.: ¿Era ya un hombre rico?
J.L.L.R.: No. Sólo lo fue al final de su vida. Para darse cuenta cómo era Blasco, en lo que al dinero se refiere, hay que recordar que vendió los derechos para traducir al inglés "Los cuatro jinetes del Apocalipsis" por 600 dólares, ¡y creía que había hecho un gran negocio! Pasó el tiempo, la novela tuvo un éxito enorme en Estados Unidos y su editor, no sé si por remordimiento de conciencia, le dio 20.000 dólares, sin que Blasco exigiera nada, al alcanzar los 250.000 ejemplares vendidos. Al final, la novela llegó al millón de ejemplares. Y, sinceramente, yo no veo en "Los cuatro jinetes" nada que pudiera atraer a los americanos. Pienso que creyeron, por el título, que era una evocación de la Apocalipsis de San Juan.
M.C.R.: Está usted hablando del éxito arrollador de Blasco ¿por qué jamás ha sido reconocido por los críticos?
J.L.L.R.: Envidia. Le tratan de grosero, de mal gusto, de que no sabía escribir... Bien... Esto mismo se le dijo a Balzac que era grosero, que se enamoraba de la primera que pasaba.
M.C.R.: Igual que Blasco...
J.L.L.R.: Sí, pero en Francia se admite y aquí no. ¿Que Blasco tenía sus defectos? Yo soy el primero que lo reconozco, pero también hay que reconocer lo mucho de bueno que tiene, el gran novelista que fue.
M.C.R.: Lo triste es que sea precisamente en Valencia donde ciertos sectores ¿intelectuales? parece que le tienen mayor inquina que en ninguna otra parte...
J.L.L.R.: Yo estuve hablando con Bas Carbonell y con Oleza y dijeron "Blasco no llega al canon".
M.C.R.: Me deja usted asombrada.
J.L.L.R.: Así me quedé yo también. ¿Cómo no va a llegar al canon un hombre reconocido en todo el mundo? ¿Qué más quieren? ¿Qué escriba la Biblia? Pero, a estas alturas, ya he dejado algunas cosas por imposibles.
M.C.R.: Pero, ¿por qué esa actitud?
J.L.L.R.: Pura cuestión de envidia de gente que jamás podrá llegar a escribir como Blasco, ni a alcanzar su gloria internacional. Bien claro lo dijo el otro día Fernando Millán. Blasco también es rechazado por ciertos sectores de la crítica y la literaria por algo que todos sabemos: porque decidió escribir en castellano y entonces es un autor que no les interesa.
M.C.R.: También escribió en castellano Miguel Hernández...
J.L.L.R.: Pero tenía otras connotaciones de izquierdas y Blasco, al fin y al cabo, muere muy aburguesado. Yo he visto muchas cosas absurdas que se han escrito sobre Blasco. Los mismos que consideran una gran novelista a Virginia Woolf y desprecian a Blasco Ibáñez que, con una sola novela suya, con una sola página de su obra, podría haber entrado en la Academia como quería Armando Palacio Valdés que era un gran blasquista.
M.C.R.: Nunca entró.
J.L.L.R.: No. Blasco relevó a Palacio Valdés de su compromiso de proponerlo porque, tras lo que había escrito contra Alfonso XIII era muy conflictivo. Y los acólitos de Alfonso XII hasta intentaron montarle una encerrona.

León Roca en enero del 1999 (Foto: Manuel Llorent,  Las Provincias)
M.C.R.: ¿Le queda algo por estudiar de Blasco Ibáñez?
J.L.L.R.: Estudiar... ¡Yo ya estoy cansado de estudiar!
M.C.R.: ¿Cuántos años le ha dedicado? ¿Cincuenta?
J.L.L.R.: Más, más: sesenta... Toda una vida.
M.C.R.: ¿Le ha compensado?
J.L.L.R.: No.
M.C.R: ¿Y eso?
J.L.L.R: He sido, ¿cómo le diría yo?, absorbido por la personalidad de Blasco. Dejé de lado mis pinitos como novelista para dedicarme a bucear en la vida de Blasco.
M.C.R.: Antes me hablaba usted de los defectos ¿cuál considera que es la obra cumbre de Blasco y cuál no debería haber escrito jamás?
J.L.L.R: Blasco Ibáñez cometió el error de querer cambiar de táctica en las novelas. Fue solo durante un año. Lo hizo a raíz de la publicación de "La Voluntad" de Azorín en la que Yuste va criticando todo. Blasco quiso hacer lo mismo con "La Catedral".
M.C.R.: ¿Y cree que lo estropeó?


J.L.L.R: No, no lo estropeó porque Blasco tenía más personalidad que Azorín y trató de ser el anarquista de "La Catedral", Gabriel Luna. Lo describe todo muy bien, cuenta su vida en una época de bárbara represión, habla de todo lo que se puede hablar con el profesor de música... "La Catedral", en realidad, es la conciencia de Blasco por eso ha trascendido al público, aunque no a los críticos, y ha hecho el milagro que sea la novela que más se ha vendido en Prometeo.
M.C.R: ¿Pero qué juicio le merece "La catedral" que no me lo ha dicho?
J.L.L.R.: Es la más débil aunque inicia un periodo que a mí me gusta, más social, que continuará con "El intruso".
M.C.R.: ¿Y la que prefiere?
J.L.L.R.: "Cañas y barro".
M.C.R.: ¿Qué novela define mejor la personalidad de Blasco?
J.L.L.R.: "La barraca". Hay que estudiarla con sentimiento y con profundidad. Blasco es Batiste y toda la fuerza y energía que tiene Batiste es la misma que él tiene. Un hombre capaz de aguantar todo, de resistir cualquier envite, un hombre capaz de sacrificarse por el progreso frente al fanático y reaccionario Pimentó que no le ataca nunca de cara, sino siempre por detrás. Blasco vivió lo mismo que Batiste. Sufrió en política la guerra continua, le hicieron la vida imposible, como a Batiste, para que se fuera de Valencia.
M.C.R.: ¿Qué novela le generó más problemas?
J.L.L.R.: "Los cuatro jinetes del Apocalipsis". Los alemanes no le perdonaron lo que decía del nazismo y le persiguieron durante mucho tiempo intentando, en Argentina, hacerle la vida imposible en el terreno económico con toda suerte de jugadas oscuras.

La biografía de V. Blasco Ibáñez de J.L. León Roca
publicada por el Ayuntamiento de Valencia,1997
M.C.R.: ¿Cómo definiría usted a Blasco?
J.L.L.R.: Como una bola de nieve que siempre crece y crece y crece. Por eso me captó y empecé a estudiarlo.
M.C.R.: Para que la gente se haga una idea, ¿a qué político se le podría comprar?
J.L.L.R.: ¿Actualmente? A nadie. Políticamente era muy superior a todos, conectaba con la masa como nadie.
M.C.R.: ¿Era cierto eso de que "en Valencia no se movía una hoja sin su permiso"?
J.L.L.R.: Eso se lo dijeron en el Consejo de Guerra.
M.C.R.: ¿Y era cierto?
J.L.L.R.: Tampoco.
M.C.R.: Pero era capaz de montar un motín cuando se le ocurría...
J.L.L.R.: Eso sí. Hubo en Valencia una concentración de peregrinos para ir a Roma y él se encargó de que esos peregrinos tuviesen su ración de piedras y palos.
M.C.R.: Un poco fuerte ¿no?
J.L.L.R.: Es que él decía que todos aquellos peregrinos se estaban dedicando a ensuciar Valencia y que era intolerable.
M.C.R.: Blasco parece que contribuyó mucho a dar impulso al crecimiento de Valencia.
J.L.L.R.: Así es. Amaba a Valencia y quería levantarla. Fue el impulsor de infinidad de reformas y proyectos. Gracias a él se limpió el barrio de pescadores, se hizo el mercado de hierro y cristal, se hicieron puentes más amplios, se construyeron colegios más soleados y su última propuesta fue "vamos a hacer la gran avenida que vaya desde los Viveros hasta el Mar". Pero un buen día se le ocurrió reunir a todas las fuerzas vivas de Valencia para hacerles partícipes de sus ideas y darle impulso a Valencia. Pero se enfadó con ellos.
M.C.R.: ¿Qué pasó?

J.L.L.R.: Presentó un programa pero le dijeron "tenga en cuenta, amigo Blasco, que esto sólo se puede hacer bajo un impulso, el de la Virgen de los Desamparados". Y Blasco dobló la carpeta y se fue. Evidentemente, no estaba de acuerdo.
M.C.R: Una de las cosas, inexplicables es por qué Blasco, con todo su amor por Valencia, nunca quiso volver.
J.L.L.R.: Esa es la pregunta que yo me he hecho muchas veces. Está enquistado ya con la política alta, Maura le odia hasta el punto de que lo hubiera matado. Y Blasco decide marcharse de España. Hubo un intento cuando publicó "La voluntad de vivir" que relataba los amores con doña Elena, se presenta a las elecciones, sale diputado otra vez. Pero como en él todo se mezclaba, aquella misma noche, recibe un telegrama de Alicante de la dama en cuestión y le pide que vaya a verla. Y va. Se reconcilian y Blasco, tan caballeroso, destruye toda la edición de la novela en la que relataba sus amores. Durante muchas noches quemaron ejemplares frente al chale de la Malvarrosa. Aquel fue su último intento de volver a Valencia.
M.C.R.: ¿Cree que Valencia está en deuda con Blasco?
J.L.L.R.: Yo diría que sí.
M.C.R.: ¿Cuál sería el gran homenaje que se le podría hacer?
J.L.L.R.: Yo me inclinaría por la intelectualidad. Me gustaría que doblasen y reconociesen su valía y dejasen ya de decir cosas como que no da la talla, no da el canon o que fue simplemente un escritor para las masas.
M.C.R.: ¿Y qué tiene de malo ser un escritor de masas?
J.L.L.R.: Pues nada. Todos escriben con el deseo de llegar a las masas, no para una minoría de intelectuales. Lo que pasa es que casi nadie consigue la proyección internacional que logró Blasco Ibáñez con sus novelas. Y eso no se perdona.


lunes, 24 de junio de 2019

«Entre naranjos» en imagenes



Es bien conocida la pasión de V. Blasco Ibáñez por la ilustración, por la imagen artística, en general.
Desde sus inicios como escritor, antes (y también luego) de fundar “La novela ilustrada” (Madrid, 1905) y mucho antes de estrenar su primera película (París, 1916), Blasco buscaba inspiración para el titulo de sus novelas en imagenes del mundo gráfico. Así, ilustraciones de la época, dibujos o pinturas clásicas dieron el nombre a varios de sus libros: «La araña negra», «Flor de mayo», «La maya desnuda», «Los cuatro jinetes del Apocalipsis», etc.
Además, desde muy joven, el escritor valenciano consagró gran parte de su tiempo y su inagotable creatividad a la actividad editorial; siendo el director artístico, elegía a los colaboradores, opinaba, aconsejaba, sugería y finalmente, seleccionaba el diseño para la portada de los libros a publicar.
En los últimos años de vida, desde su residencia de Mentón (Francia), Blasco intentó llevar a cabo uno de sus proyectos, el de publicar en Prometeo - la editorial que había fundado en Valencia, en 1914 - una edición ilustrada de sus novelas; había elegido (como siempre) a artistas valencianos: José Benlliure para ilustrar La Barraca y el joven Josep Segrelles para Flor de mayo, La Catedral, El Intruso y Los muertes mandan

Valencia, 1921. V, Blasco Ibáñez visitanbo a José Benlliure 
para ver las ilustraciones que éste hizo de «La Barraca».
Pero, según él mismo comentaba en 1924, en una carta dirigida a Segrelles, la prioridad de las publicaciones en la editorial valenciana no dependía de su deseo ni de su voluntad:
... ocurre que lo de mis obras ilustradas no marcha, e ignoro porque. Yo soy el primero interesado en que aparezcan cuanto antes, escribo con frecuencia a Llorca y a mis hijos, y me dicen que va a ser enseguida; pero así vamos más de dos años. Crea usted que el asunto este me tiene fastidiado.
Con Pepe Benlliure, antiguo amigo mío, me encuentro en la misma situación. Innumerables veces me ha preguntado cuando sale “La Barraca” ilustrada por él y de “Prometeo” me contestan vaguedades o promesas que no se cumplen.

Barcelona, 1921. V. Blasco Ibáñez visitando la exposición de J. Segrelles.

Luego, pasaron varios años y finalmente, todo quedó en un simple proyecto, un sueño más que Blasco no pudo cumplir; el novelista murió en Francia, en 1928, sin lograr alcanzar aquella meta. Cabe suponer que, mediante el anhelado proyecto, el autor aspiraba a fusionar el arte gráfico valenciano con su obra literaria, sus destacadas novelas que habían alcanzado en los años veinte el éxito mundial.

La inmensa popularidad y el prestigio internacional del escritor se había iniciado en los Estados Unidos, en 1919 –  a partir del éxito literario de Los cuatro jinetes del Apocalipsis, el primer best seller español – , y fue aumentando rápidamente. Sus novelas se traducían en todo el mundo, y varias de ellas, adaptadas con gran éxito para la cinematografía estadounidense, junto con algunos guiones suyos, llegaban a un inmenso publico; daban a conocer al autor, a su región natal y a su país.

Al mismo tiempo, la prensa literaria de Nueva York publicaba parte de sus novelas, ilustradas por los mejores artistas de la época. La versión inglesa de Entre naranjos, representada mediante la obra Dean Cornwell (1892-1960)  importante figuras de la ilustración estadounidense en la primera mitad del siglo –, apareció en 1921. Las imagenes correspondían a pinturas al oleo del artista que hoy, por su alta cotización en el mundo del arte, se conservan en colecciones privadas o participan en importantes subastas internacionales.

Dean Cornwell en su estudio. 
Pintura al óleo de Dean Cornwell ; ilustración para “The Torrent” (1921)
Pintura al óleo de Dean Cornwell; ilustración para “The Torrent” (1921)

Pintura al óleo de Dean Cornwell ; ilustración para “The Torrent” (1921)

Pintura al óleo de Dean Cornwell ; ilustración para  “The Torrent” (1921)

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 A continuación se reproducen las imagenes que acompañan el texto de la novela publicado en 1921, por Hearst´s International de Nueva York. 





















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De recordar que la ilustración de la sobrecubierta del libro The Torrent la primera versión inglesa de la novela  publicado en Nueva York por E.P. Dutton, en 1921, es obra del mismo artista.



viernes, 21 de junio de 2019

Hablando con Blasco, en 1904


Vicente Blasco Ibáñez en 1903, en su chalet de la Malvarrosa, Valencia
El siguiente artículo reproduce una de la primeras entrevista concedida por V. Blasco Ibáñez a la prensa madrileña; fue publicaba en “El Gráfico”, del 8 de julio de 1904. Blasco tenía la edad de 37 años.


VICENTE BLASCO IBÁÑEZ

¿Cuánto ha ganado usted con sus libros?


Yo empecé a escribir muy pronto, ¡demasiado pronto! De los dieciocho a los veinticuatro años gané mucho dinero escribiendo obras por entregas para los editores de Barcelona. 
Una Historia de la revolución española y varios novelones, entre ellos La araña negra que fue un gran éxito….editorial son los pecados de mi adolescencia literaria, cuyo recuerdo me avergüenza, a pesar de que no me valían 50 pesetas por pliego.

Cuando comencé a trabajar seriamente en la novela, mis libros no me produjeron ninguna ganancia.
Mis primeras novelas Arroz y tartana y Flor de Mayo, aparecieron en tristes ediciones de 1.000 ejemplares, que apenas si llegaron a venderse fuera de Valencia.
Flor de Mayo, que actualmente se publica, traducida, en París, y que, años después de su aparición, ha alcanzado muchas ediciones, no consiguió venta, ni un mal artículo en los periódicos cuando salió a luz. 
    

La venta y las ganancias editoriales llegaron con la publicación de La Barraca, el libro mío que más suena y, sin embargo, no es el que más dinero me ha dado en España. Se publicó con la misma suerte de sus hermanos mayores. ¡Una edición de 1.000 ejemplares! pero la prensa habló mucho de esta novela. "El Liberal" la publicó en su folletín y a la primea edición sucedieron otras, más numerosas. Hoy llevo vendidos de La Barraca unos 15.000 ejemplares. Este libro me dio más dinero en Francia a los dos meses de traducido, que en los ocho años de vida que lleva en España. 
     
El famoso traductor G. Hérelle no es sólo un gran escritor, sino un excelente amigo, que sabe administrar los intereses de los autores. Él hizo la reputación de Gabriel d´Annunzio en París. Al traducirme La Barraca, la publicó en "La Revue de Paris" consiguiendo que me la pagasen a 25 francos la página.
Después, al aparecen en volumen en la casa editorial de Calmann-Levy, estos editores me dieron medio franco por tomo , derechos de autor que no siempre consiguen en París los escritores extranjeros y que debo a la buena amistad de Hérelle, el cual traduce mis obras en las mismas condiciones económicas de la de d´Annunzio.

Total: hasta la fecha he percibido de La Barraca, en francés, unos 23.000 francos. Lo mismo espero que me producirá Flor de Mayo y las demás novelas que se irán publicando en París, pues tengo un contrato con Calmann Levy para que esta casa editorial traduzca mis libros, uno por año. 
Todas mis novelas, a partir de La Barraca, se han vendido bien, fluctuando su tiraje entre 8.000 ejemplares (Sónnica la cortesana) y 16.000, que ha alcanzado La Catedral.

¿Quieren ustedes saber lo que me producen actualmente las novelas que publico?... 
El precio en venta de cada volumen es de 3 pesetas. 
Una peseta se la queda el librero que lo vende; otra es para el gasto material del libro (papel, impresión, encuadernación, correo, administración, etc.), y la tercera peseta es para el autor que aun da gracias a su buena suerte porque le permite disfrutar una tercera parte de lo que el público da por su obra.
La cuenta no puede ser más sencilla. Tantos miles de ejemplares, tantos miles de pesetas. Viendo en los escaparates de las librerías el último millar de una novela mía, puede saberse las pesetas que la obra me lleva dadas.
No me quejo de mi situación; el público me atiende más de lo que merezco; pero ¡ay! ¡El dinero de la literatura!...

Cuando recibí los primeros cheques de París, embriagado por el éxito material, quise hacerme una casa a punta de pluma, levantar mi retiro para el estudio y el trabajo, y construí esta casa de la Malvarrosa, donde vivo.
Es un capuchón pretencioso y pobre, sin otras hermosuras que las del mar, que bate su frente y las de los campos que le rodean, en los que se cultivan plantas para la extracción de perfumes. 
Mis enemigos políticos han agrandado este edificio, dándole dimensiones y bellezas tan fantásticas que, a su lado, el Partenón y la Alhambra son míseras barracas. 
“¿oh, el palacio de la Malvarrosa con sus salones mágicos…!”, 
“¡Ah, el Sultan de la Malvarrosa en su terraza pompeyana…!

Y a estas horas, una tercera parte de la casa de las ilusiones, levantada sin otra herramienta que la pluma, aun está por pagar, y el pobre novelista produce volumen sobre volumen, reuniendo en magna asamblea, cuando escribe Fin en la última cuartilla de una obra, al carpintero, al tallista, al marmolista, al pintor, para entregarles las pesetas que le regala el público a cambio de unas cuantas horas de emoción.
      ¡Oh, prosa de la vida!