domingo, 22 de mayo de 2016

Blasco, según A. Alcalá Galiano - 1921

Álvaro Alcalá-Galiano y Osma  (1887-1936)
Novelista, crítico y publicista español
En el post de hoy se reproduce el artículo La vida de Blasco Ibáñez  de la revista ABC del 19 de diciembre de 1921, articulo dedicado a la publicación de la primera biografía del novelista valenciano.

En 1921, cuando Blasco Ibáñez tenía 54 años y había alcanzado el gran triunfo como novelista internacional,  se publicaba un libro sobre su vida hasta aquel momento - lo que hoy se llamaría una biografía autorizada-, escrito por el francés Camille Pitollet, periodista del Mercure de France.
El arrollador éxito de Blasco había aumentado el interés del público por conocer mejor al escritor valenciano y además, sus editores de New York, París y también Prometeo de Valencia notaban la falta de un buen libro, abundante en datos, sobre el novelista y sus obras. En 1920, Blasco decide que la persona más adecuada para redactar la respectiva biografía sería Camille Pitollet, un profesor de secundaria, periodista y lingüista hispanista y germanista (más detalles en un próximo post).
El libro escrito en francés se publicaba en 1921, en París, bajo el título  V. Blasco Ibáñez, ses romans, et le roman de sa vie, y casi simultáneamente la Editorial Prometeo de Valencia lanzaba su versión española.

1921. Versión española de la 
primera biografía de V. Blasco Ibáñez 

Luego, después de la muerte del novelista, el polémico biógrafo resultó siendo un patético personaje. Tanto para el como para muchos de sus contemporáneos, Blasco había dejado de ser objeto de interesada adulación y Pitollet, en su papel de inevitable Judas, decide desligarse de cualquier aparente vinculo político o amistoso con el escritor republicano, buscando todo tipo de argumentos circunstanciales que justifiquen la colaboración con el novelista.

1921. La primera biografía de V. Blasco Ibáñez
por Camille Pitollet 
En la publicación Gloses del 1933 y luego, en Como escribí el libro sobre Blasco Ibáñez del 1957, Pitollet  intenta contrarrestar la buena imagen de Blasco que había presentado en la biografía, y utilizando algunas cartas del epistolario que mantuvieron los dos, manifiesta un brutal desprecio hacia el novelista, motivando esta acción como necesaria para responder al  reproche de no haber sido más que una pluma al servicio de Blasco Ibáñez.
En realidad, Camille Pitollet  (1874-1964) colaboraba con L'Action Française, revista de extrema derecha que abogaba por un nacionalismo exacerbado, un catolicismo integrista y una forma de gobierno autoritario, y que fomentaba movimientos anticomunistas, antimasónicos, etc., cuyos miembros habían sido colaboracionistas durante la ocupación alemana. En 1938, en el Madrid sitiado por las tropas franquistas, Pitollet publicaba artículos que revelan claramente sus simpatías franquistas y su odio a los defensores de la República. Finalmente, al estar condenado en Francia por colaboracionista, pasaría unos años en España.
C. Pitollet fue uno más entre tantos que lamentablemente, durante la vida de Blasco, y mucho más después de su muerte,  han intentado deformar la imagen original del personaje a través de oscuros prismas de intereses políticos o personales.

El articulo La vida de Blasco Ibáñez reproducido a continuación fue redactado por Álvaro Alcalá Galiano y Osma con el propósito de comentar el libro de C. Pitollet, recién publicado en España.
A. Alcalá Galiano, novelista, crítico y publicista español, era un aristócrata conservador con un amplio horizonte intelectual y político que le permitía expresar con toda libertad su opinión sobre el novelista republicano. Su pensamiento crítico le proporcionaba la capacidad de hacer abstracción de sus propias convicciones ideológicas y de poder valorar a los demás con objetividad, sin clarificarlos según criterios políticos u otros intereses particulares.
En este artículo, más que hacer la reseña del nuevo libro, Alcalá Galindo expone su visión personal respeto a la trayectoria de vida de Blasco Ibáñez hasta aquellos momentos; expresa su gran admiración por la permanente e intensa actividad de Blasco como político y periodista, y elogiando la voluntad y el talento del infatigable Blasco novelista, lo denomina el astro literario que extiende su luz gloriosa por el mundo entero.



LA VIDA DE BLASCO IBÁÑEZ

Publicado en la revista ABC, 19 de diciembre de 1921
Autor: Álvaro Alcalá Galiano

Hace ya unas semanas que, paseando por las calles de París, vi yo en los escaparates de las librerías una obra nueva titulada Blasco Ibáñez, ses romans, et le roman de sa vie, escrita por Camille Pitollet, el crítico de letras españolas en el Mercure de France. Entré, la compré y la leí, diré parodiando a César, con el firme propósito, al terminar su lectura, de comentarla algún día ante mis lectores. Hoy se me brinda nueva ocasión, de hacerlo al ver en los escaparates de las librerías de Madrid la obra traducida al español: Blasco Ibáñez, sus novelas y la novela de su vida.

1921. La biografía de V. Blasco Ibáñez 
por Camille Pitollet
Quizá no me equivoque al suponer que la legión de admiradores del mundial novelista español, cuantos se han deleitado en las páginas vibrantes de sus libros, tan llenos de intensidad, de emoción, querrán conocer la existencia variada, turbulenta y magnífica, como una marcha triunfal, del propio maestro. Y es muy comprensible. Cuando un artista subyuga nuestra inteligencia o nuestro corazón, anhelamos siempre rasgar el velo misterioso de su arte para descubrir al hombre; es decir, al creador. Por eso la hipótesis de quién pudo ser el mago Shakespeare sí el vulgar cómico de Stratford o uno de los condes de Southampton, de Derby o de Oxford, hará correr tanta tinta como los juicios diversos acerca de sus tragedias y comedias inmortales. Por eso Cervantes, con su vaga personalidad y su vida borrosa nos intriga tanto como el alcance espiritual del Quijote. Nuestra curiosidad no se atiene a juzgar a un hombre por sus obras; queremos su retrato físico y moral, con sus virtudes y sus vicios, que haga de todo ser humano, por grande que se crea, algo imperfecto, lleno de luz y sombras como la vida misma. Esta interpretación psicológica del hombre representativo, sea político, artista o literato, hace de una buena biografía el modelo de novela realista. Justifica plenamente aquella frase de Disraeli, al decir éste: "Leed biografías; la biografía es la historia sin teoría." No es otra la razón en efecto, de que Plutarco nos haya familiarizado con los héroes de Grecia y de Roma más que ningún otro historiador y de que Boswell diera al famoso doctor Johnson vida inmortal en su palpitante biografía. Huelga decir que el libro de que hablo no pertenece a tan alta categoría ni puede aspirar a ser una obra completa. Entre otras razones, porque vive aún el modelo, fuerte, laborioso, en la plena madurez de su talento, que va derrochando en obras y más obras con pasmosa fecundidad y porque este infatigable luchador no parece aún dispuesto a escribir en mucho tiempo el epilogo de su vida, llena de aventuras y de inesperados giros, como la de un artista del Renacimiento.

V. Blasco Ibáñez en París
Pero, en todo caso, el libro de M. Pitollet, si bien no libre de cierto sectarismo radical que tiende a perpetuar nuestra 'leyenda negra" respecto a los supuestos "métodos reaccionarios" de los Gobiernos monárquicos de España (¿son más benignas las Repúblicas con los perturbadores del orden y los enemigos del régimen?), es un libro bien escrito, documentado, lleno de interés y de amenidad,  que hace de la vida de Blasco Ibáñez la más extraordinaria de sus novelas. Esto no es sólo debido, claro está, al arte del narrador, sino a la personalidad vigorosa y a un mismo tiempo compleja del modelo. Porque Blasco Ibáñez no ha sido sólo un escritor, es decir, un cerebral cuya visión del mundo no tuviera más horizontes que las cuatro paredes de su biblioteca.
Blasco Ibáñez conoce los libros y los hombres, ha viajado y vivido intensamente, y esa misma intensidad de vida, reflejada en sus libros, es lo que da a sus novelas el realismo y la fuerza descriptivas de quien narra lo que ha visto. Se ha comparado a menudo a Blasco Ibáñez con Zola; mas aparte de las analogías que puedan hallarse en la estética "naturalista" de ambos escritores, nada tan distinto como la existencia de estos dos hombres.
Zola fué el triste visionario que en sus soledades de Medán iba escribiendo volumen tras volumen de su ciclo materialista sin más concepto de la vida que su imaginación de poeta épico adulterada por sus pedantes y falsas teorías científicas. La vida misma de Zola tiene la rutinaria monotonía de cualquier humilde empleado de oficina. Es la de un buen burgués casado que vive metódicamente; se levanta, come, escribe y se acuesta todos los días a la misma hora. Zola no conocía otros países, y muy poco el suyo. Salvo breves viajes a Lourdes y a Roma para tomar apuntes de novela, nada ha interrumpido su labor hasta su inesperada intervención en el affaire Dreyfus, que desencadenó tanto las pasiones e hizo de su nombre una bandera de combate.

!909. V. Blasco Ibáñez en su viaje a Argentina
Comparada con el escritor francés, ¡cuán variada, interesante y rica de experiencia resulta la vida del maestro español! Su campo de acción ha tenido ilimitados horizontes, y como decorado de sus aventuras, los más diversos paisajes de la tierra.
Hay algo que asemeja a Blasco Ibáñez a ciertos maestros de la novela rusa  por ejemplo, a Dostoiewsky. Como él, ha padecido la miseria, la cárcel y el destierro, pasando su calvario antes de conquistar la gloria.
Pero también, como Balzac; ha anhelado siempre la conquista del oro triunfador, que hace amena la existencia y ha hecho prodigios de laboriosidad reflejada en su vasta y formidable obra de periodista, de novelista, de traductor y además de historiador en los nueve tomos ilustrados de su Historia de la guerra europea de 1914

Blasco Ibáñez o la voluntad... Este podría ser el título de la obra de M. Pitollet,  porque, además del talento literario es la voluntad lo más característico de Blasco Ibáñez. Así lo vemos en sus días rebeldes de mal estudiante en su pobreza de los primeros tiempos, en sus campañas revolucionarias, desafiando su destino adverso.
El no nació para pasarse la existencia charlando en el café. El nació para la lucha que otorga sólo la victoria a los audaces. Su vida es eso mismo: una batalla no interrumpida en el campo de las ideas y en el campo de acción. 


Blasco Ibáñez en las calles de Valencia el día de las elecciones, septiembre 1905 

Combate en la tribuna y combate en el libro. Arenga a las muchedumbres con su palabra fogosa y agita los espíritus con sus novelas tendenciosas. Sin embargo, siempre es artista, y acaso el mayor milagro de su arte haya sido el que escribiese La barraca en una mísera redacción, cuando a las altas horas de la noche terminaba su ingrata faena de periodista revolucionario. Sí; este rasgo retrata, a mi juicio, mejor que ninguno, a Blasco Ibáñez.  Ayer en la pobreza como hoy en plena prosperidad, es siempre el trabajador infatigable. Ni los reveses de fortuna, ni las amarguras de la política le desconciertan. El día que se desengaña de traernos la República, sigue a pesar de eso, creyendo siempre... en Blasco Ibáñez. Y continúa luchando. Sus mismos viajes de placer por Italia y por el Oriente son campos de experiencia literaria para su pluma pincel. Sus trabajos colonizadores en América, si bien no le dan la fortuna soñada, habrán de proporcionarle material para futuras novelas. Hasta que un buen día, en medio de la guerra europea, aparece un libro titulado Los cuatro jinetes del Apocalipsis, y el astro literario que se había levantado en las bellas huertas de Valencia, iluminando a España, extiende de pronto su luz gloriosa por el mundo entero.... Leed la vida de Blasco Ibáñez y veréis lo que puede el talento cuando le guía la voluntad.

Blasco Ibáñez en Valencia recibiendo el caudaloso homenaje de su ciudad, en mayo de 1921