miércoles, 28 de septiembre de 2016

Hablando de toros - en 1917

Tarde de toros en Valencia, Vicente Blasco Ibáñez en 1906

El 12 de mayo de 1917, se estrenaba en el Teatro de la Zarzuela de Madrid la película «Sangre y Arena», dirigida por Vicente Blasco Ibáñez y Max André. La película, considerada la primera adaptación cinematográfica de la novela homónima de Blasco, tuvo mucho éxito en España de aquella época.

Ese mismo año, el periodista y narrador español Antonio de Hoyos y Vinent (1884 - 1940) escribía la novela «Los toreros de invierno»; el prólogo pertenece a V. Blasco Ibáñez. Es un magnifico texto donde el escritor valenciano expresa su visión personal sobre el peculiar mundo taurino resaltando la gran trascendencia social que tenía la tauromaquia de su época.
A continuación se reproduce un fragmento del respectivo prólogo escrito en París, en septiembre de 1917.


Porque hice «Sangre y Arena», el amigo Hoyos me pide un prólogo para «Los toreros de invierno». Ignora mi compañero de letras que yo, que escribí la novela del toreo, gusto muy poco de las corridas de toros y de las gentes que en ellas intervienen. No soy enemigo de la llamada fiesta nacional por considerarla sanguinaria. Otros pueblos buscan su recreo en diversiones más bárbaras y mortales. El animal humano necesita de vez en cuando despojarse de las vestiduras que le ha puesto encima la civilización. Quiere volver a sus orígenes dándose un baño de sangre y bestialidad, y es inútil oponerse a esta regresión atávica.
Si me gustan poco las corridas de toros es porque las encuentro aburridísimas, de una monotonía aplastante. Cuando, de tarde en tarde, voy a la plaza para acompañar a un extranjero, celebro el espectáculo policromo y agitado del graderío, la teatral salida de la cuadrilla y los lances del primer toro. El segundo me divierte menos, el tercero me hace bostezar, y cuando sale el cuarto, saco un periódico o un libro que a prevención he traído en un bolsillo. Tengo la sospecha de que a la mitad del público le ocurre lo mismo. No hay más que ver la cara estúpida, el paso desalentado, la risa forzada de muchos espectadores cuando salen de la plaza.
La alegría de las corridas de toros es un prejuicio nacional. Nos enseñaron de pequeños que son muy divertidas, y lo repetimos como una verdad indiscutible, para que lo repitan luego nuestros hijos. Ningún español ha podido formarse un concepto propio y racional de esta fiesta. Muy pocos recuerdan cuándo vieron la primera corrida. Nos llevan a los toros muchas veces antes de saber hablar. Luego, la parodia de esta diversión constituye uno de nuestros juegos infantiles. Total: que cuando empezamos a darnos cuenta de lo que nos rodea y a querer explicarnos sus causas y virtudes, el respeto al circo taurino y la fe en sus delicias, están ya anclados en nosotros, como algo anterior que escapa a todo razonamiento y toda crítica.
He pasado una parte considerable de mi vida asistiendo a corridas de toros y aburriéndome. Alguna vez (muy de tarde en tarde) la monótona fiesta se ha hecho trágica, y mi aburrimiento se ha trocado en cólera al ver la hipocresía del público. «¡Pobre muchacho!», gemían los espectadores a la salida, lamentando la mala suerte del esbelto gañán, vestido de seda y oro, que había rodado por la arena, llevándose al vientre las manos ensangrentadas para contener el escape de su bandullo.
Y los mismos que emitían estos lamentos de plañidera, gritaban horas antes contra la víctima, porque el instinto de la conservación le impulsaba a defenderse, dudando con lenguaje grosero de su integridad masculina, haciendo suposiciones injuriosas sobre la honradez de su desconocida madre.
En España— donde varias docenas de escandalosas mentiras forman la base del credo nacional —, algunos fabricantes de frases han llamado a la fiesta de los toros «la fiesta del valor» y «la escuela del valor».
¿El valor de quién...?
Yo no he visto nunca en el redondel más que un valiente: el toro.
Siento por este animal una gran admiración artística. Es la imagen elegante y majestuosa de la fuerza. Su aplomo y altivez recuerdan al patricio romano, conquistador del mundo. Otros animales son más esbeltos y vistosos, pero él tiene la gracia recogida y vigorosa de las bestias que casi ha suprimido el cuello, la parte más frágil de todo organismo. Su cabeza forma una masa con el cuerpo, como en el elefante, como en los peces veloces, como en todos los animales-arietes. Una injusticia de la opinión vulgar, repetida durante siglos, le proporciona la aureola simpática de los grandes calumniados. Las gentes, no viendo más que sus cuernos, le convierten en símbolo de los hombres pacientes y engañados. Y mientras tanto, él, en el silencio de las dehesas, se bate por amor, a cornada limpia, horas y horas, con fiera tenacidad, terminando su pelea únicamente cuando intervienen pastores y cabestros, o cuando muere.
Este es el único valiente que existe en el  redondel. Ataca derecho, como los héroes, y de engaño en engaño, la malicia humana le va arrancando las fuerzas, la sangre, los pedazos de cuero, hasta que, hecho un guiñapo, sudando escarlata, con el hocico en la arena y las piernas vacilantes, se atreve el hombre a acercarse por primera vez a su testuz, contoneando las caderas y echándolas de majo.
Después de este pobre héroe, impulsivo y engañado, existen varios semivalientes: los toreros.
Yo sólo creo a medias en el valor de los actores del redondel. Es un valor convencional, incompleto, frágil, producto de la afición, del hambre, del deseo de disfrutar las comodidades de la riqueza, del ansia de gloria que sienten los iletrados con más vehemencia que los cultos. La prueba de lo quebradizo e inconstante de este valor, es lo poco que dura. Cincuenta mil duros en el Banco, o simplemente el sabor de la primera cornada, convierten al antiguo suicida en un conejo pronto a la fuga. Además, por regla general, el héroe que desafía a los cuernos se siente menos inclinado a desafiar a los hombres. Su coraje necesita el redondel, el aplauso, las trampas y engaños del oficio. En este país de guerras y corridas de toros, no conozco un torero que haya sido célebre por sus hazañas bélicas. Convertido en soldado, estoy seguro de que no irá más allá del albañil, del mozo de campo o del oficinista, y aun tal vez se quede detrás de ellos, por la costumbre profesional «de hurtar el cuerpo...»
Detrás de estos medio valientes está el inmenso y cobarde público, el canalla de catorce mil cabezas que, en las horas de la tarde dedicadas a la digestión, celebra la agonía de la más noble de las bestias, pide a gritos nuevos caballos para contemplar sus chorizos colgantes, que expelen sangre obscura y boñigas sueltas, e insulta a los hombres que instintivamente huyen de la muerte, mientras paladea la villana y cruel voluptuosidad de contemplar el peligro desde un lugar seguro.
¡La escuela del valor...! «Ver los toros desde la barrera» es una frase corriente que significa astucia, inercia, egoísmo, explotación del esfuerzo ajeno, y que muchos admiran como un resumen de la sabiduría.
Tal vez nuestros mayores males y defectos provienen de esta fiesta de cobardía colectiva
que se titula «escuela del valor», de que nos acostumbran de niños a ver los peligros ajenos desde un lugar seguro, dándonos además el derecho de criticar, con aire de héroes, lo que no osaríamos hacer nunca por puro miedo.
En la vida española todos quieren estar en las gradas, por ser lo más cómodo, lo menos peligroso, lo que permite el libre ejercicio de la maledicencia y de la crítica. Sólo los ilusos y los desesperados bajan al redondel. Cuando surge un conflicto internacional, la muchedumbre grita con entusiasmo: « ¡Viva la guerra...!» Pero que vayan los otros. Cuando se cansa de un régimen, se pregunta: « ¿Cuándo vendrá la revolución...?» Pero que la hagan los otros. Todos contemplan, esperan y juzgan desde la barrera; pocos bajan y se mueven.
En los juicios y simpatías nacionales vibra el mismo capricho inestable, la misma falta de fijeza y de lógica, que conmueven con ráfagas de locura al público del circo. El aplaudido de ayer es silbado hoy y será glorificado mañana, sin que sus actos sean diferentes; los entusiasmos se distribuyen con una equidad de mujer histérica; los peones de mala suerte dan todos sus esfuerzos sin llamar la atención; los embusteros graciosos arrancan con un falso gesto granizadas de aplausos y hacen contraerse a las masas con epiléptico entusiasmo: los hombres inspiran más fanatismo que los hechos; media plaza cambia insultos con la otra media, mirando cada cual a su héroe que está en el redondel y creyéndolo superior al de los otros, cuando todos ellos se entienden y profesan a sus adoradores un desprecio común; el más humilde mirón se cree capaz de hacer las cosas mejor que el que está abajo, pero no desciende al terreno, y sigue en su asiento seguro, para poder continuar dando consejos.
¡Oh, diversión taurina, imagen de un pueblo falto de tenacidad, amigo del quietismo, de las comodidades y de la crítica, que gusta de las emociones que proporciona la lidia de los toros..., pero toreándolos otros, y no quiere abandonar por un momento el seguro de la barrera...!
Recuerdo la súbita revelación que tuve hace años de la pequeñez heroica de esta fiesta. Vino a visitarme en Madrid un profesor de una Universidad célebre de los Estados Unidos, y lo llevé, como es de rigor, a presenciar una corrida.
Este hombre de ciencia es a la vez un hombre de acción, un Roosevelt de la Cátedra, jinete, boxeador, aficionado a las cacerías peligrosas y a las exploraciones de países misteriosos. Presenció atento todos los incidentes de la corrida, frunciendo las cejas rubias sobre sus lentes de miope. De vez en cuando dejaba caer una palabra de aprobación: «;Muy bien...!» «¡Verdaderamente interesante...!» Pero se adivinaba que una idea nueva le roía el interior de la frente.
A la salida habló:
— Muy interesante la fiesta, pero algo monótona... ¿No sería mejor soltar los seis toros de una vez, para torearlos al mismo tiempo...? El espectáculo resultaría más corto, pero ¡qué emocionante! ¡Cómo podrían esos mozos lucir su valor...!
Admiró al «yanke» como un gran sabio. Había dado forma concreta a la vaga causa que me ha hecho aburrirme en las corridas desde que era niño. ¡Los seis toros de una vez...!
Cuando las corridas sean así, volveré a la plaza. Y asistiré todavía con más puntualidad si me garantizan que los seis toros saltarán la barrera, metiendo sus cuernos tendido arriba. Yo soy un mal alumno de la «escuela del valor», llevo años faltando a sus clases, y puedo huir sin vergüenza alguna. Pero me gustaría ver cómo los millares de estudiantes que asisten fervorosamente a cátedra todos los domingos han aprovechado las enseñanzas heroicas aprendidas en el duro asiento del graderío, rumiando cacahuets y llamando «hijos de pulga» a los catedráticos.


Vicente Blasco Ibáñez.  París, Septiembre 1917.

jueves, 8 de septiembre de 2016

El Cinematografista - parte 2


Angelete, uno de los torreros participantes a la corrida celebrada en la Plaza de Madrid, el 30 de julio de 1916,
el primer día de rodaje de la película Sangre y Arena
Había salido Blasco Ibáñez de Barcelona en la noche del 28 de julio de 1916 y llegaba a Madrid con un equipo preparado para iniciar el rodaje de la película «Sangre y Arena»
El periodista Pedro Mata, resumiendo en su artículo1 la figura del escritor valenciano, comentaba:
Cuentan los periódicos que ha llegado á Madrid el gran novelista Blasco Ibáñez. Blasco Ibáñez es uno de los hombres más interesantes que conocemos. Ejemplar representativo del español meridional, inquieto, artista, imaginativo, inteligente, versátil, audaz y aventurero, en el buen sentido de la palabra, ha sido en menos de veinte años todo lo que puede ser un levantino: revolucionario, político, cacique, sugestionador de muchedumbres, orador fogoso, novelista, periodista, editor, colonizador y emigrante. Si en cualquiera de estas empresas le hubiera sido dable cambiar la versatilidad y la fantasía por un poco de espíritu práctico francés, por un poco de positivismo norteamericano ó sencillamente por un poquito de terquedad sajona, á estas horas Blasco Ibáñez sería, sin duda alguna, multimillonario. Mas como, en equitativa compensación de otras cualidades con que le dotó espléndidamente la fortuna, carece de éstas que son indispensables en estos tiempos de ruda competencia, para hacer dinero ha tenido que retrotraerse á sus primitivas aficiones, y en París está escribiendo novelas y colaborando, como en los días felices de su exaltación literaria, en periódicos y revistas.
Es decir, ahora no está en París; está en España. Ha venido, según parece, á presenciar—á dirigir, mejor—la impresión en film de su novela Sangre y arena, cuyo derecho de adaptación cinematográfica le acaba de comprar una casa extranjera de películas.

Vicente Blasco Ibáñez, en  Madrid,  julio 1916. 

En la mañana del sábado 29 de julio, Blasco se presentaba en al Ayuntamiento acompañado por dos importantes personajes: el consejero Antonio Casero y el ex-torero Antonio Bono o Regaterín. En la prensa de este día, más preciso en el periódico La Acción– de orientación monárquica y germanofilia, especializado en el libelo y la difamación política , se publicaba la noticia con cierto tono irónico:

Regaterín- Antonio Boto
Esta mañana estuvo en el Ayuntamiento el escritor aliadófilo a pedir permiso al alcalde para impresionar mañana, en la calle de Alcalá, la entrada a los toros de la corrida que se celebrará, por la tarde y hacer una especial petición, que contribuirá a dar más importancia a la película.
Quiere Blasco Ibáñez que mañana la Guardia Municipal que presta servicio de vigilancia en las bocacalles y en los alrededores de la plaza vaya vestida de gala.
El alcalde ha dado las oportunas órdenes para que mañana la Guardia Municipal vista de gala. 
Antonio Casero y Regaterín estaban en el Ayuntamiento cuando fue Blasco Ibáñez, y entre ellos hubo conciliábulos. Casero prestará también una eficaz ayuda a Blasco Ibáñez.[...] 
Mañana por la tarde comenzará a impresionarse la «film» «Sangre y arena». El operador se colocará frente a Fornos, y desde allí irá tomando los distintos incidentes de la entrada a los toros; después, dentro de la plaza, recorrerá las distintas dependencias: caballerizas, enfermería, capilla, patio de caballos, corrales, etc., y algún episodio de la lidia quedará también dentro de la maquina cinematográfica2.
Pascual Ruiz Salinas Plaza, 
Teniente de alcalde del distrito del Centro en 1916








El día siguiente, el periódico republicano El País confirmaba la noticia adicionando algunos detalles más: 
Dijo ayer el alcalde interino que, acompañado de D. Antonio Boto, le había visitado el Sr. Blasco Ibáñez con el objeto de solicitar del Ayuntamiento la obtención de toda clase de facilidades para impresionar a las cuatro de la tarde, en la calle de Alcalá, una película de Sangre y arena, utilizando a la Guardia municipal de uniforme de gala, la gente que va camino de la Plaza de Toros, un picador a caballo y, si puede ser, aprovechando el momento de que pase un entierro.
El Sr. Ruiz Salinas, muy complacido, se oferció incondicionalmente al gran novelista. Despues éste saludó a los reporteros, explicándoles la misión que le ha traído a Madrid y la que le llevará mañana a Sevilla y Granada, para volver más tarde a Barcelona3

Efectivamente, en la tarde del domingo 30 de julio: Los operadores comenzaron a trabajar en la calle de Arlabán, frente al despacho de billetes de la Plaza de Toros, y por la tarde reanudaron su tarea en la calle de Alcalá y en la plaza de Castelar5.


La plaza Castelar está animadísima media hora antes del festejo contemplando a los peliculeros que sobre un coche plataforma impresionan al natural las escenas culminantes de la primera parte de la novela de Blasco Ibáñez, «Sangre y Arena»4.
Un operador, provisto de su correspondiente máquina, se colocó en varios puntos de la calle de Alcalá para impresionar el paso de los coches, automóviles, tranvías y público.

Madrid, 1915. La calle de Alcalá, camino a la Plaza de toros de la Fuente del Berro.
Un domingo, a principios del siglo XX, camino a la Plaza de toros de Madrid.
La llegada a la Plaza de toros de Madrid a principios del siglo XX.
La entrada a la Plaza de toros de Madrid, principios del siglo XX.
Los guardias municipales habían recibido orden de “dejar de retratar” en la posición que mejor le conviniera al operador, y algunos deben haber sido verdaderamente artísticos.
Se impresionó el paso del coche de los toreros, la llegada y descenso de los diestros, la entrada del público en la Plaza, grupos de picadores y monos a caballo; en suma, multitud de detalles.
El público seguía con curiosidad estos trabajos en plena vía pública y a la hora de mayor animación en los alrededores de la Plaza.
La mayor dificultad fue realizar uno de los propósitos de los que impresionaban la película: el encuentro de uno de los diestros – picador, banderillero, etc.- con un entierro, que como se recordará, constituye uno de los pasajes de la obra6.
En el patio de caballos la labor fue más prolongada y difícil por tener que vencer las dificultades que ofrecía el tono de luz de las diversas dependencias.
La tarea terminó  «sorprendiendo»  la salida de los espectadores de la plaza5.
La prensa taurina también comentaba el evento de aquel domingo, pero a su manera:
Con una entrada muy floja se celebraba la novillada anunciada con toros de la viuda de Soler, y a cargo su pasión y muerte, de Ale, Pacorro y Angelete.
Cuando vamos a la plaza, nos vemos sorprendidos con cuatro máscaras vestidas de luces que en un landeau se «peliculean» en la calle de Alcalá. Según nos informan se trata de impresionar la película «Sangre y Arena» de Blasco Ibáñez.
Nos parece mal la guardarropía en este asunto.7
En aquella época las corridas se celebraban en la llamada Plaza de toros de Fuente del Berro, de Goya o de la carretera de Aragón, que entre 1874 y 1934 fue la Plaza de toros Madrid.

Plaza de toros de Madrid  principios del siglo XX.
Años más tarde, en una entrevista, Matilde Domenech —la intérprete de Carmen en la película— al referirse a las imágenes tomadas en la Plaza de toros, comentaba:
Y se ven varios tendidos llenos de público... Son tendidos fotografiados de una corrida verdadera, a los cuales se ha agregado un tendido ocupado por comparsas9.

Los tendidos de la corrida en una escena de la película Sangre y Arena donde el principal protagonista es el publico
Escena de la película de Sangre y Arena con los actores en los tendidos de la plaza.
Durante aquella fiesta taurina fueron grabadas las primeras escenas del ruedo, imágenes que en la película inicial hacían parte del prólogo pero luego, cuando este fue suspendido, se incluyeron en la obra8. Según se mencionaba más tarde en la prensa, en la corrida del domingo se hicieron los primeros metros de la película: la ida a los toros, la salida de la cuadrilla, la capilla, la enfermería, la lidia,etc.20
Las demás escenas del espectáculo taurino — rodadas también al natural — se filmaron a finales de septiembre, en la Plaza de toros de las Arenas de Barcelona.
Matilde Domenech, en la entrevista mencionada comentaba como se realizaron algunas escenas que presentaban el espectáculo en el ruedo:
...aparece el torero Gallardo dando unos capotazos y unos pases... El que los da en realidad no es el protagonista de la acción; es un torero que se le semeja. Hasta que le coge el toro, y entonces este torero se cambia por un pelele..9.

Gallardo. Escena de Sangre y Arena - 1916
Sangre y Arena – 1916. Escenas de la película en el ruedo.
Después de este primer día de filmaciones, por la noche Blasco concede una entrevista5 a la prensa madrileña y comentando nuevamente su valoración acerca del séptimo arte, exponía los mismos proyectos cinematográficos comunicados dos días antes, en Barcelona. Todas las entrevistas que dio el novelista al iniciar su actividad de cineasta fueron comentadas durante aquel verano en varios artículos, algunos elogiando y otros criticándole, según la orientación política de la publicación.

Finalizado el rodaje en Madrid, Blasco Ibáñez y su equipo seguian el itinerario marcado; y con todos estos materiales, autor, actores y operadores salieron el lunes para continuar la impresión en el escenario esplendoroso de Andalucía1. Llegaron a Sevilla el 2 de agosto10; les acompañaba Salvador Castelló11, el operador de cine, encargado de la fotografía de la películaEn 1916 el joven Castelló trabajaba con el nuevo Laboratorio de Castelló y Donoso y colaboraba con la productora catalana Barcinógrafo; a finales de julio se unió al equipo de Prometeo Film, la empresa cinematográfica que iniciaba en Madrid la producción d«Sangre y Arena», y participó como operador37 en la película dirigida por Blasco Ibáñez y Max André .
El día siguiente,también llegaba a Sevilla para cinematografiar algunos episodios de la vida de Colón12, la productora Films Cinematographiques, que en asociación con Argos Films, rodaba la película La vida de Cristóbal Colón y su descubrimiento de América del guionista americano Charles Jean Drossner y dirigida por el francés Gerald Bourgeois.
El inédito evento fue muy publicitado por la prensa cinematográfica de la época. También la prensa dedicada a criticar constante e injustamente a Blasco, aprovechó el momento para comentar:
Este Blasco Ibáñez, a quien su Patria tributó homenajes de admiración, a quien siguieron como a un apóstol masas de ingenuos compatriotas, a quien abrió su nación las puertas de la fama literaria y de la alta política, este Blasco Ibáñez vuelve ahora España en busca de materiales para labrar en extrañas latitudes el descrédito de su país.[…] A la misma Sevilla, en donde se halla Blasco Ibáñez arrojando paletadas de rojo a su pandereta, ha llegado una compañía yanquifrancesa que proyecta impresionar una película con episodios de la vida de Cristóbal Colón. El contraste es tan elocuente y abrumador, que hace ocioso todo comentario21
Finalmente, la tan publicitada producción cinematográfica — que con un coste muy cerca de medio millón de dólares38 y con un generoso respaldo oficial—, resultó siendo la más cara película realizada hasta entonces en territorio español y no tuvo nunca el éxito esperado ni mucho menos.

El equipo técnico y artístico de la película La vida de Cristóbal Colón y su descubrimiento de América – 1916

Una vez en Andalucía, el equipo de Prometeo Fim, con un modesto presupuesto y grandes desafíos, seguía adelante con su proyecto. Comprometido con la meta de difundir el arte y la cultura, Blasco consideraba que el cine es el lenguaje universal y la obra que a él se confié, podrá ser transmitida, tal como su autor la concibió, a todos los públicos del mundo14. Según Max André, Blasco no quiere hacer una película naturalista, [...] sino elevar a documentos los personajes y crear ambinete14.  Aunque algunos artículos de la prensa criticaban la película antes de que sea realizada, afirmando que Blasco Ibáñez se presentará  ahora con su película de Sangre y arena para corroborar la españolada13, el novelista convertido en cineasta había declarado su firme propósito de hacer algo definitivo y muy nuestro; opinaba que España presenta maravillosos escenarios naturales que pueden ser aprovechados por la cinematografíaDecía: Yo iré a buscar todos nuestros espectáculos castizos: la calle de Alcalá y la puerta, en tarde fanfarrona y rutilante de corrida; las piedras gloriosas de Granada y los rincones toreros de Sevilla15.
Durante el rodaje de su película «Sangre y Arena» en Andalucía Blasco intenta captar determinados ambiente que guardan relación directa o indirecta con la fiesta taurina. En los alrededores de Sevilla fueron grabados algunos paisajes rurales, y las imágenes del campo, el ambiente del típico cortijo de la dehesa andaluza fueron tomadas en el cortijo de Merinales; otras escenas se desarrollan de los jardines del Alcázar.

V. Blasco Ibáñez durante el rodaje de Sangre y Arena, en el cortijo de Merinales  Sevilla, agosto de 1916
V. Blasco Ibáñez durante el rodaje de Sangre y Arena, en los jardines del Alcázar, agosto de 1916
V. Blasco Ibáñez durante el rodaje de Sangre y Arena, en Sevilla, agosto de 1916

Matilde Domenech, la actriz en el papel de Carmen
 en Sangre y Arena, 1916

Recordando el rodaje de la película, Matilde Domenech contaba en la entrevista una de las anécdotas vividas aquellos días; comentando sobre la enérgica disciplina de los actores al tener que reunirse rápidamente cuando suena un pito que toca el director, decía:

En una de las escenas de «Sangre y arena» que se desarrollan en Andalucía, por el campo nos desparramamos...
Y dijo el señor Blasco Ibáñez:
—Yo querría merendar...
El artista que hacia el papel más importante de la obra pidió un caballo y fué a buscar la merienda; cuando llegaba con ella sonó el pito; tuvo que volver al trote, y allá se fueron redando los platos, las tortillas y los pollos..!

La actriz también mencionaba otra de las escena de la película donde actúa un doble
En uno de los cuadros da «Sangre y arena» va Doña Sol a caballo, llega un toro, la acomete, y la arroja por el suelo. En este caso, Doña Sol no es... Doña Sol— Es un hombre que lleva sus vestidos. Y no se pone Doña Sol en su lugar, hasta que aparece en tierra, y está el toro a muchos metros de distancia9


Hablando de su proyecto cinematográfico en curso, Blasco decía:  Con esta suma de elementos hábilmente utilizados, puede lograrse una producción cinematográfica eminentemente española, que pueda competir con ventaja con la de las demás naciones; entre los elementos mencionado, nombraba como muy importante nuestro tesoro de viejos monumentos históricos y nuestras interesantes tradiciones14.
En Sevilla, las soleadas calles, el grandioso monumento de la Giralda o el Palacio Real de Alcázar con su jardín, fueron escenarios para los protagonistas de «Sangre y Arena».

Escena de la película Sangre y Arena - 1916. La torre de la Giralda de Sevilla. 

Escena de la película Sangre y Arena en los jardines del Real Alcázar de Sevilla en 1916
Para recrear un ambiente costumbrista acorde a la obra fueron rodadas determinadas escenas que ilustraban varios aspectos de la cultura regional, incluidos los bailes típicos. Aunque la única copia de la película disponible hoy conserva imágenes de estas escenas, parece que en su momento fueron presentados para la pantalla espectaculares números coreográficos, a cargo del conocido maestro sevillano “Realito”:
En el magnífico patio del popular Salón Llorens, adornado artísticamente con flores y con todo el carácter neto sevillano, se impresionó la hermosa película de la célebre novela de Blasco Ibáñez, “Sangre y Arena”, tomando parte el reputado maestro de baile don Manuel Real, acompañado de sus discípulas más aventajadas, entre ellas Eulalia García, una preciosidad, Loli Ortega, una tontería de chiquilla, con unos ojos como los del puente de Isabel II; Pastora Vargas una gitanilla que quita er sentío Dolores García y Rosario Carretero, dos lindas muchachas que atraen y sugestionan y hasta treinta y tres, que formaban el cuadro coreográfico.
Se impresionó todos los números de baile, pantomimas y escenas para el mayor éxito de la celebrada  novela.
Todas las artistas y su profesor fueron ovacionadas con gran entusiasmo por el distinguido público que presencio las escenas y bailables de tan notables artistas. Al terminar, el señor Real fue muy felicitado por el señor Blasco Ibáñez y distinguidas personalidades en las letras y artes16.

Sevilla. Bailes típicos en una escena de Sangre y Arena 1916
El maestro Realito con  alumnos de su Academia de baile de Sevilla
Durante su corta estancia en Sevilla, Blasco tiene una conversación en la calle con el periodista V. Ballester Solo de la revista La Semana – de orientación más bien germanófila, que publicaba crónicas y entrevistas-, quien aprovecha el respectivo artículo para retratar al cosmopolita escritor; lo encuentra muy cambiado, opina que se ha refinado mucho, se ha elegantizado y concluye que la figura del revolucionario republicano se ha desnaturalizado. En sus pinceladas, el periodista menciona varios cambios en el aspecto físico de Blasco:
La barba cediendo paulatinamente su longitud hasta desaparecer por completo. Su bigote ha quedado reducido a la mínima expresión inglesa. La cabeza platea simpáticamente. […] Perdió grasa y adquirió esbeltez
En la conversación Blasco Ibáñez mencionaba sus proyectos cinematográficos pero además, exponía su posición aliadófila frente a la guerra y reafirmaba su desinterés por volver a la política española, diciendo:  Yo tengo otras cosas en que pensar y que hacer, y puedo ser útil a mi patria en el extranjero mejor que en la política17

En la capital hispalense, Blasco se hospedaba en el Gran Hotel de Oriente - Castor Callejo de donde el 4 de agosto, le escribía una carta al presidente de Hispanic Society of America – sociedad a cual pertenecía también el novelista –: ha tenido ocasión de admirar un hermoso busto de Cevantes obra del notable escultor sevillano D. Jose Lafita; recomendaba la obra del joven artista para el monumento que la sociedad americana estaba preparando en honor a Cervantes.

Sevilla en 1915 - El desaparecido Gran Hotel de Oriente
En 1916 se celebraba el tercer centenario de la muerte de Cervantes a quien Blasco Ibáñez profesaba una gran admiración. Aunque no tuvo ninguna participación oficial en el evento, había manifestado su firme intención de realizar para aquel mismo año «Don Quijote de la Mancha», una nueva producción cinematográfica: … en cuanto acabemos «Sangre y Arena», que será dentro de tres meses, empezaremos la impresión de la nueva película, que estará terminada, según mis cálculos, a últimos del corriente año14. Lamentablemente, el novelista valenciano nunca pudo llevar a cabo su tan soñado proyecto cinematográfico. 

Desde Sevilla, Blasco mantenía su estrecha correspondencia con los socios de la Casa Editorial de Valencia, y el 6 de agosto les escribía: Todo marcha bien. Llevamos hechas cosas muy bonitas. Lunes (o sea mañana) saldremos para Granada8
Finalmente, Blasco salió para Granada el jueves 10 de agosto18.
Las escenas filmadas en Granada dan testimonio del carácter particular de la película potenciando su valor etnográfico y documental. Blasco le concedió extrema importancia a la imagen de España que debía ofrecer con su película. Decía:.. nosotros disponemos de paisajes asombrosos, de monumentos históricos inapreciables, de leyendas, de espíritu  que comunicar y extender por el mundo5
Los monumentos filmados en Granada eran los más representativos de la típica arquitectura andaluza. Se rodaron escenas en la Alhambra, en el patio de los Leones y en el salón de Embajadores; los protagonistas admiraban el panorama desde la Torre de la Vela y los bailes filmados tienen de fondo la Fuente de Carlos V.

Escena de Sangre y Arena en la Alhambra. Granada, 1916
Escena de la película Sangre y Arena. Granada, 1916
Escena de bailes de la película Sangre y Arena. Fuente de Carlos V, Granada, 1916

Desde Granada Blasco salía para Valencia, y el día 12 de agosto llegaba a su ciudad natal; el inesperado evento era comunicado por la prensa levantina:
Llegó el Sr. Blasco Ibáñez en el correo de Madrid, y después de abrazar en la estación a la familia, marchó en carruaje a la Casa Editorial «Prometeo», donde conversó por espacio de unos minutos con D. Francisco Sempere y D. Fernando Llorca, regresando rápidamente a la estación del Norte.
En el expreso de Barcelona salió en señor Blasco Ibáñez para la ciudad condal19

Pocos conocían el verdadero motivo de esta corta visita; Blasco venía a Valencia por un perfume...
Desde  hace varios meses pedía a sus socios de Valencia aquel perfume. A finales de mayo, cuando su hijo Mario había llegado a París, traía una botellita de un perfume que según comentaba Blasco en sus cartas de principios de junio, era el que hace D. Sixto el de la Malvarrosa y que se llama Flores de Valencia […] Es un perfume que huele a jazmín y azahar y me gusta mucho, pues me recuerda a Valencia.

Un mes más tarde, cuando estaba en Barcelona, Blasco vuelve a solicitar el perfume, justificando: A mí es un perfume que me gusta porque me recuerda a Valenciapero parece que nadie entendía que tan importante era para el escritor aquel perfume, y finalmente tuvo que ir personalmente por él. Desafortunadamente, la botella que le entregaron - aunque era de la misma Casa Robillard -, no contenía la fragancia que él había solicitado, pero esto lo descubría luego, cuando llegaba a París; les escribió a sus socios: Acabo de llegar a París y le escribo para manifestarle su equivocación en lo que se refiere al perfume. […] El que llevaba Mario se llama Brisas de Valencia o Perfume de Valencia, en fin algo que lleva el nombre de Valencia. Lo que Ud. me entregó es una mala imitación de violeta, como la que se vende por aquí. Lo que llevaba Mario es muy fuerte y huele a azahar: justamente me gusta porque huele como un naranjal de Valencia. […]este perfume representa para mí un gran placer y muchos recuerdos. Ya sabe "Perfume de Valencia", "Brisas de Valencia" o algo así: siempre de Valencia. Huélalo: es un olor fuerte de azahar y flores de ahí.
Aunque parezca un relato anecdótico, en realidad es un ejemplo más de la compleja personalidad de Blasco que según su escala de valores, muy superior a la de gente corriente, daba prioridad a sentimientos y sensaciones, elementos vitales para un artista; su alta sensibilidad receptiva es evidente y se ve reflejada a lo largo de toda su obra.

Nuevamente en Barcelona, Blasco y su equipo continuaban la producción de la película.
En una de sus cartas de aquella época el novelista le escribía a Sempere:
El film Sangre y Arena continúa cojonudamente. Hasta ahora no hemos tenido ningún tropiezo serio, y es casi seguro que el 15 del próximo habremos terminado el trabajo de impresión y sólo quedará el arreglo que equivale a la corrección de pruebas en un libro, y el tirar copias o ejemplares para la venta. Sale muy bien, es interesante y hermoso, y el éxito es seguro.
Un artículo20 de la prensa madrileña del 14 de agosto comunicaba que la primera parte de la película ya está hecha, y mencionando varios aspectos relacionados con el rodaje en curso, consideraba que «Sangre y arena» ha despertado enorme expectación; finalmente anunciaba:
La película «Sangre y arena» estará hecha en Octubre. A la Prueba que se dará en Barcelona irán gran número de personalidades relevantes en la cinematografía francesa.

Probablemente, fue durante esta estancia en Barcelona que Blasco Ibáñez se empadronaba en la ciudad condal para poder registrar la marca de su empresa cinematográfica; a finales de septiembre se anunciaba en la prensa:
29.261. Don Vicente Blasco Ibáñez, residente en Barcelona. Una marca de fábrica para distinguir cintas cinematográficas. Descripción de la marca: Consiste en la palabra «Prometeo». El busto de un hombre desnudo que tiene en la mano derecha una antorcha encendida, leyéndose debajo: «Casa editorial cinematográfica»22

El 22 de agosto Blasco se presentaba en el Gobierno civil al objeto de pedir al señor Díe y Mas el correspondiente permiso para impresionar en las Arenas uno de los episodios de la película, titulada «Sangre y Arena»23.
El siguiente día, la prensa valenciana comunicaba el acontecimiento de Barcelona: Para la impresión de la película basada en la obra de Blasco Ibáñez, Sangre y arena,  esta noche se celebrará en la Plaza de las Arenas un espectáculo taurino privado24

Fueron las últimas escenas filmadas en el ruedo. Allá mismo, en 1904, Segundo de Chomón había realizado para la productora Pathé Frères el  documental de 105 metros, Corrida de toros en la plaza de las Arenas de BarcelonaEn «Sangre y Arena», la plaza que aparece hacia el final de la película es la Plaza de toros de Madrid.

Plaza de toros de las Arenas de Barcelona, a principios del siglo XX
 Escena de la película Sangre y Arena. Plaza de toros de Madrid, 1916
 Fotografía de la película Sangre y Arena. Plaza de toros de Madrid, 1916

Max André, el co-director de la 
El rodaje finalizaba el 13 de septiembre con una escena nocturna que representa la procesión de la Semana Santa. Blasco se lo comunicaba en una carta a sus socios de la Editorial:
Anoche terminamos el n° más importante del film, o sea la procesión de noche a la luz del magnesio en un pueblo inmediato a BarcelonaYa no queda casi nada. Lo importante está hecho: Ahora, mientras Max André corta, prepara, etc., yo me iré unos 10 días a Suiza, pues lo necesito por salud.
Sobre aquella escena, Max André, el co-director de la película comentaba: Por primera vez en el cinematógrafo, nosotros no hemos impresionado vistas de noche en pleno día. Una escena muy importante con más de 500 figurantes se impresionó a las 10 de la noche, iluminando la escena por procedimientos artificiales. La procesión de media noche de «Sangre y Arena», será un acontecimiento cinematográfico del que se hablará mucho y que tendrá imitadores25. En su habitación de hotel convertida en laboratorio, Max se quedaba acabando el film «Sangre y Arena». Arreglando la composición del doble negativo unido con dos aparatos25
Blasco, cansado y con un estado de salud alterado a consecuencia de su diabetes, salía de Barcelona el 16 de septiembre en el expreso de Francia26, para ir a Suiza; allá se hospedó en el Hotel Trois Couronnes de Vevey.


Una autentica estampa del ambiente barcelonés de aquel comienzo de otoño, cuando Blasco Ibáñez rodaba «Sangre y Arena» en la ciudad condal, la exponía en su articulo27 Miguel Duran y Tortajada (1883 – 1947), un destacado escritor, periodista y editor valenciano:
Las Ramblas, la vía más barcelonesa de Barcelona, es a la vez la más cosmopolita. A todas horas del día circulan por ellas las gentes más diversas, al lado de aquellas otras que podríamos calificar de "permanentes": los deportistas de Canaletas, las vendedoras de flores, los lectores de los periódicos expuestos en los kioscos, los cómicos de la Rambla del Centro, las demi-mondaines del Lyon d'Or y los sempiternos  "rambleadores".
En las Ramblas de Barcelona se agitan todas las pasiones y se funden también todos los rencores. Son como un mar que en su furor tempestuoso todo lo remueve, pero cuyas aguas, una vez iniciada la calma, que es su estado normal, todo lo purifican y todo lo borran.


El respectivo artículo comentaba también un encuentro de Blasco con Rodrigo Soriano, el antiguo enemigo político del novelista durante las enérgicas campañas republicanas de principios de siglo, en Valencia:
En estas populosas Ramblas, tan iguales y tan diversas, vimos la otra noche, á poca distancia, desapercibidos, anónimos, dos hombres que en Valencia, alcanzaron un tiempo, entre las masas, tempestades de odios, desencadenaron pasiones violentas, proclamando el imperio de una guerra civil absurda y estéril: Blasco Ibáñez y Rodrigo Soriano.
Ahora, estos dos hombres pasean por las Ramblas de Barcelona. Blasco va acompañado de los artistas cinematográficos que interpretan sus películas. Soriano, entre un grupo de amigos e intermediarios políticos.
Las Ramblas, á las once de la noche, es la única hora en que están desanimadas. La gente llena los cines, los teatros, los cafés.
Los dos grupos se cruzan, solos, en el centro del paseo. Blasco y Soriano se miran con desprecio, pero no se acometen. Y los agravios que el uno recibió del otro son de los que no se olvidan ni jamás se borran.[...]
Desapercibidos, anónimos, pasean por las Ramblas de Barcelona esos dos hombres, que fueron otro tiempo en Valencia caudillos adversarios de una guerra civil, ídolos de multitudes: hoy convertido el uno en empresario de grandes cintas cinematográficas, y el otro en aspirante á diputado á Cortes. Del primero, de Blasco quedan sus obras admirables; de Soriano no queda ya ni su arrogancia, qué acaba de poner a los pies de Lerroux.

En septiembre, la prensa cinematográfica española28 anunciaba que «Sangre y Arena» está del todo terminada, y elogiando a los que habían participado en su realización, escribía: Se dice mucho y bueno de la obra cinematográfica, en la que Mark Andrews ha puesto todos sus quereres y el joven Castelló todo su saber y sus entusiasmos de operador y de gran fotógrafo.
También el laboratorio barcelonés de Castelló y Donoso continuaba publicitando su participación en la película próxima a estrenarse.
Todo el material publicitario de «Sangre y Arena» desde los folletos promocionales hasta los carteles de varias dimensiones se realizaba en Valencia, según las recomendaciones de Blasco.

La edición francesa del folleto








Antes de viajar a Suiza, Blasco había comunicado a los socios su intención de editar un folleto ilustrado: Cuando vuelva vamos ha (sic) hacer una especie de número sobre de ilustración o periódico sobre Sangre y Arena. Llevará 30 fotografías. Tamaño y papel, el de la Historia, con una bonita cubierta. Haremos una edición en español y otra en francés.
Al regresar a Barcelona, envía a la editorial de Valencia el original del cuaderno de propaganda de Arènes Sanglantes para la edición francesa del respectivo folleto.

El diseño de los carteles se le había encargado a Francisco Povo, quien últimamente ilustraba la cubierta de algunos de los libros de Prometeo. Sobre el trabajo del ilustrador valenciano, en una carta de octubre, Blasco les comentaba a sus socios: lleva hechos cuatro carteles magníficos, lo mejor que ha producido en su vida. Una vez terminados los cinco carteles de la película, serían imprimidos a color en el taller de José Ortega de Valencia y distribuidos por todo el mundo.

El 3 de octubre, Blasco Ibañez se encontraba nuevamente en Barcelona de donde les comunicaba a sus socios:
El film Sangre y Arena estará terminado para el 15. Ya le están dando la última mano. Antes de llevárnoslo a París, Max André y yo (creo será para el 20) daremos una representación privada para muy pocas personas.
Mientras los técnicos realizaban el montaje de la película, Blasco continuaba su intensa actividad editorial; en permanente comunicación a través del correo con los socios de Valencia, les enviaba todo el material que consideraba necesario para los proyectos en marcha que el mismo dirigía y supervisaba. La Editorial Prometeo continuaba redactando y publicando la Historia de la guerra europea de 1914, seguía con la colección: Libros célebres españoles y extranjeros y editaba los últimos volúmenes de El libro de las mil noches y una noche.
A su llegada de Suiza, Blasco también le escribía a María, su primera esposa, con la que mantenía el contacto epistolar, aunque se habían separado definitivamente desde 1911; el 7 de octubre le comunicaba desde Barcelona:
Yo también he estado algo enfermo de influenza y aun me encuentro quebrantado y muy ronco.
El film de Sangre y Arena ya lo hemos terminado y estoy contento. Creo que gustará y será un buen negocio.
El 15 haremos una prueba de él aquí, y allá para el 20 nos iremos a París con él, pues es mejor venderlo allá ya que dan mucho más39.
Inauguración de la Casa Pich, Barcelona, junio de 1916

Finalmente, en la noche del viernes 20 de octubre de 1916, se presentaba la prueba privada de «Sangre y Arena» en la elegantísima sala de la Casa Pich de Barcelona. La sala citada pertenecía al establecimiento de Industrias Eléctricas y Exposición Cinematográfica de Juan Pich, situado en la casa número 9 de la Plaza de Cataluña. El sótano del respectivo edificio había sido decorado al estilo Luis XV y habilitado especialmente para la proyección de películas. Inaugurada a principios de aquel verano, la Casa Pich pertenecía al empresario catalán Juan Pich y Pon (1878-1937), importante figura política de la ciudad condal de aquella época; de filiación lerrouxista, era miembro del Partido Republicano Radical y concejal del Ayuntamiento de Barcelona.


Después de la proyección de Sangre y Arena, la prensa catalana especializaba comentaba el evento pero sus artículos no ofrecían una critica cinematográfica propiamente dicha, el análisis o la evaluación de la película, sino más bien comunicaban la opinión personal de algunos periodistas; luego, se generó cierta polémica en torno a la película pero también en relación con las declaraciones de Blasco en sus entrevistas anteriores.
En primer artículo lo publicaba El mundo cinematográfico del 25 de octubre, elogiando la película y y reconociendo el mérito de Blasco en su realización:

El establecimiento Industrias Eléctricas y Exposición Cinematográfica de Pich 
(Foto: Merletti)

La película Sangre y Arena, que durante tanto tiempo ha mantenido en expectativa la atención del público y de los profesiones de la Cinematografía, ha sido probada, por fin, en el salón de pruebas de la casa «Pich», de esta capital. El éxito de la prueba ha sido completo. […]
El salón de pruebas de la casa «Pich» estaba invadido por completo, presentando un aspecto animadísimo. Cinematografistas de todos los órdenes y muchos particulares, entre los que descollaban varias personalidades de la literatura, la política y las artes, presenciaron la proyección de Sangre y Arena.[…] 
Sangre y Arena, película, ha confirmado las grandes esperanzas que había despertado. Cuando un artista como Blasco Ibáñez so lo propone de firme, y cuenten que este hombre no titubea en sus resoluciones, se pone de un solo tirón — valga la frase — a la cabeza de todo aquello en que pone mano30.


A pocos días, la revista El Cine publicaba también un artículo sobre la prueba de la película comentando la reacción contradictoria de los asistentes al acontecimiento; sus elogios eran para el joven operador catalán, Salvador Castelló:
La sesión —aunque privada— tuvo los honores de un acontecimiento, no solo para los profesionales, sino también para algunas docenas de personal ajenas a la familia cinematográfica, ya que se congregaron en la sala de pruebas de la casa Pich, artistas, literatos, políticos y algunas personalidades.
Y ocurrió lo que suele acontecer en estas ocasiones, que mientras al grupo de extraños a la industria pareció excelsa la película, no opinó lo mismo la grey cinematográfica.
¿Motivos para esta la contradicción? Los de que el asunto no pasa de ser una película de exportación como la podrían haber llevado a cabo nuestros eternos descubridores; que sobran más de mil metros de film y que ni siquiera vimos una sola faena de torero en las veinte y tantas veces que asistimos a la corrida. 
El senado cinematográfico aplaudió por unanimidad la labor artística del operador Sr. Castelló que en Granada y Sevilla ha obtenido verdaderos prodigios de luz, de ambiente y de color31.
Anuncio en Arte y cinematografía, 15-31 de octubre de 1916.

Al mismo tiempo, la importante revista cinematográfica barcelonesa Arte y cinematografía, en su último número de octubre29, anunciaba el acontecimiento de la Casa Pich pero sin hacer ningún comentario respeto de la película. En cambio, publicaba dos artículos relacionados al tema: uno32, manifestando el desacuerdo con la opinión de Blasco sobre el cine español y expresando cierta desconfianza en los proyectos del escritor valenciano; el otro33, en oposición directa con la revista El Mundo cinematográfico, criticaba los comentarios de esta publicación que elogiaban los proyectos cinematográficos de Blasco.
En esta época, cuando el cine catalán empezaba a vivir sus años dorados y Barcelona era considerada la capital del cine español, la respectiva revista era la publicación más influyente en aquel medio. Por razones poco claras, Arte y cinematografía había tomado una posición algo hostil hacia la película de Blasco Ibáñez desde el inicio del rodaje. En su número de agosto, incluía la conocida entrevista de Mario Aguilar a Blasco, pero al mismo tiempo publicaba un artículo donde, bajo una particular visión, criticaba la producción de Sangre y arena y su autor; era la misma visión que exponían varios periódicos de orientación católica21, 34, y que según parece, la compartían también algunos intelectuales de la época:
No creo que esta obra sea la gráfica, ni menos el espejo, ni siquiera el boceto, ni siquiera la silueta de nuestra psicología. Sangre y arena no habla muy en favor de la España verdadera, de la España íntima, ni de la España que vive vida de actualidad. Pudiera ser que Blasco Ibáñez nos llevara al triunfo en el arte cinematográfico como él al de la colonización en América […] Si la cinta sale, la veremos y hablaremos de ella en justicia, pero sólo como obra cinematográfica, no como obra o instrumento de cultura humana. No veo en ese proyecto de película más que unas aspiraciones a un negocio y... una españolada más35.
En noviembre, unas semanas después de la proyección de Sangre y Arena en el salón de Pich, Arte y cinematografía publicaba un extenso artículo firmado por su director literario Andrés P. de la Mota, comunicando la posición que adoptaría la importante revista respecto a la película; había decidido no ofrecer al público lector ningún análisis de la obra, ni un juicio crítico siquiera del todo ni de parte de la misma… y continuaba: 
El porqué de nuestra conducta lo hemos dicho desde el primer momento: Porque  estimamos que había de resultar una película que envolvería un concepto depresivo para España y para todos los españoles, tanto más, cuanto que sospechábamos—quizás sin razón, —que el espíritu que informaba la empresa de realizarlo, era puramente mercantil.
El día que la película Sangre y arena se presente  en público,… Arte y cinematografía la juzgará con arreglo a su leal saber y entender36.
Seis meses más tarde, cuando se estrenaba en España Sangre y Arena y lograba imponerse con gran éxito, la renombrada revista no volvía a opinar y nunca publicó su juicio crítico de la obra.

Publicidad - abril de 1917
Además, en el artículo mencionado se le reprochaba a Blasco Ibáñez haber presentado su obra ante un público español y en tierra española con títulos en francés. Era otra crítica injusta dirigida al escritor ya que se sabía con anterioridad que la película se estrenaría en París y además, su productor contaba con el respaldo y la colaboración de empresas francesas. 
Aquella versión inicial proyectada en el salón de pruebas de Barcelona bajo el título de Arènes Sanglantes, era la versión francesa. Tenía un prólogo y cuatro partes, y duraba unas tres horas; los intertítulos era en francés y la música en vivo que acompañaba las imágenes era una rapsodia española. No existen copias de la película inicial, ni se publicaron fotografías del espectáculo de aquella noche pero entre los asistentes hubo varios periodistas - aunque oficialmente la prensa no había sido invitada -y sus artículos permiten conocer ciertos detalles acerca de la versión proyectada. Así, la prensa madrileña publicaba en enero de 1917, un interesante artículo redactado probablemente un par de meses antes, comentando aspectos ineditos de la película presentada en Barcelona:
Aparece Blasco en el primer cuadro. Bajo el sombrero de paja destaca su cabeza mora. Cuello Schiller. Fuma vorazmente un cigarrillo, y para que el público no dude que él es español, lanza el humo por las narices en chorros intermitentes y espesos. Y van apareciendo Gallardo el torero, dona Sol, «Plumitas» el bandolero y toda la fauna excéntrica que acompaña al matador. La película recoge a éste desde la infancia y en el lienzo desfila toda la minuciosa biografía de un torerito […]
Blasco ha evitado en las visiones de plazas de toros el espectáculo de los caballos sangrientos. Ha querido dar la palpitación colectiva del circo y la tragedia del torero español, aspirando siempre a un amor patricio que no guarda fe, a un arte perfecto que no se sostiene, a una fidelidad de la multitud tornadiza40

V. Blasco Ibáñez con algunos intelectuales españoles en París
Luego, la versión francesa inicial sufrió notables modificaciones pero no se dispone de suficiente información para poder concretar estos cambios. Según mencionaba en una de sus cartas, Blasco había decidido acortar la duración del filme a 2.000 metros y suprimir el prólogo eliminando ciertas escenas y redistribuyendo otras… porque realmente sobraba y estorbaba al interés de la obra.8
Aquel primer encuentro de Blasco con la cinematografía, que había comenzado en julio de 1916, finalizaba un año más tarde, cuando el novelista decide retirarse del mundo del cine. Luego, su retiro resultó siendo temporal y volvería a la cinematografía después del año 1920, pero simplemente como el exitoso autor de historias para el cine norteamericano, pero pocas veces como guionista y nunca como cineasta.
En su primera etapa cinematográfica Blasco Ibáñez tenía la intención de llevar a la pantalla sus novelas regionales y rodarlas en Valencia pero finalmente no lo logró.
«Sangre y Arena» quedo su única película realizada en España.

En octubre de 1916, después de casi tres meses de trabajo cinematográfico, Blasco y su equipo habían finalizado gran parte del proyecto y pronto, el novelista debía volver a Francia para ocuparse de la presentación de su film en París, de la publicidad y la distribución.
El jueves 26 de octubre, emprende el viaje de regreso a la Ciudad de la Luz donde lo esperaba un nuevo reto de su incursión en el mundo del cine: construir una verdadera estrategia mediática para comercializar «Sangre y Arena» a nivel internacional.




Fuentes e ilustraciones: del archivo del autor.